ESTUDIOS SOBRE LA VERA CRUZ DE CARAVACA

(Foro de investigación sobre la Vera Cruz y la ciudad de Caravaca)
 
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 El robo el 14 de febrero de 1934

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Alfonso Pozo
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MensajeTema: El robo el 14 de febrero de 1934   Sáb Sep 27, 2008 2:58 pm



(5)


Bien, antes de entrar de lleno a relatar el hecho en sí del robo de nuestra sagrada reliquia y que se basará casi íntegramente en el sumario instruido por el mismo, debo de hacer dos consideraciones.


La primera es dar un breve repaso esquemático a la situación, tanto local como nacional, y diré que en febrero de 1934 tenemos un gobierno de centro-derecha resultado de las elecciones de noviembre de 1933. En Caravaca tenemos un Ayuntamiento Republicano de Izquierdas, presidido por D. Miguel de Luelmo Asensio. Hemos visto el anticlericalismo que pudiera existir en Caravaca. Hay que decir también que en esa fecha se habían quemado en España más de cien iglesias y habían desaparecido numerosas reliquias e irremplazables obras de arte.


La segunda consideración es que quien parta con una idea predeterminada de los autores y motivos del robo de la Santísima Cruz de Caravaca, sea la que sea, va a encontrar argumentos para avalarla en las diversas declaraciones de los encartados o de los testigos. Dentro de esta consideración quiero llamar la atención en que se ponga interés en comparar los datos, horas etc, ya que a lo largo de la instrucción, y en las diversas declaraciones, quizá como consecuencia del paso del tiempo, se cambian horas, frases que han dicho unos... etc. Por ello os sugiero no partir con una idea predeterminada, dejar que corran los acontecimientos que periódicamente haremos un análisis de los hechos al que os invito que os impliquéis y que deis vuestra propia opinión en base a esos hechos.


El único documento que existe es el sumario, lo demás pertenece al rumor popular y por tanto poco fiable cuando llega hasta nuestros días, aunque no hay que descartar ninguna posibilidad, ya que la realidad cruda y dura es que el caso está aún sin resolver.


Nos quedamos en que el domingo 11 de febrero de 1934, al concluir una merienda en la casa de Pepe Luelmo, ya en la calle, éste blasfemó contra la Santa Cruz y dijo que iba a subir al Castillo a bajarla arrastrando. Lo que fue oído por los vecinos de la casa de enfrente. El martes, 13 de febrero, era martes de carnaval, y en aquella época se celebraba con las famosas máscaras y los diversos bailes que tenían lugar en los distintos puntos de encuentro de la sociedad Caravaqueña. La nueva burguesía en el Circulo, los aficionados a los toros en el Club taurino, que se encontraba en la Plaza del Arco, en el Casino, también en la casa de Juan Manuel Tudela Ruiz “Faralá”. Así mismo había festejos en la calle, las mascaras estaban principalmente en la Plaza del Arco y en la Calle Mayor, centro neurálgico de Caravaca en ese tiempo. También diremos que en la calle había al menos un puesto donde se vendían las ricas y típicas “tortas fritas” tan propias de la fecha.


Aquella noche de fiesta y diversión para muchos, también lo era de tristeza para algunos. Falleció “El Linero”, que habitaba el horno que existía en la Plaza Nueva. Luis Alcázar y Adolfo Guirao –Guardia y jefe de los Guardias Municipales- ayudaron a amortajarlo, no sabemos si requeridos por la familia o por la amistad que les unía. La fiesta proseguía. Algunos, quizá por descubrir caras y ambientes nuevos se fueron a Cehegín al baile de mascaras que había en el Casino, este fue el caso de Adolfo Guirao que a las dos de la madrugada se encontró con Paco Playera, Vicente Navarro Mora y Diego Cortés, que más tarde sería pianista de la cupletista Rocío Jurado, y juntos todos se marcharon al vecino pueblo, de donde regresaron a las cinco de la madrugada, prosiguiendo la fiesta en los lugares que aquí seguían abiertos o en los que comenzaban a abrir sus puertas.


D. Ildefonso, el cura del Castillo, aquella mañana madrugó más de lo habitual, ya que tenía que asistir a los actos de aquel miércoles de ceniza en la Parroquia del Salvador, y es que entonces los actos litúrgicos comenzaban muy pronto. Hay que hacer un paréntesis antes de entrar más en horas y detalles que en aquella época hora solar y oficial era la misma, es decir, que comparado con la actualidad sería un retraso de dos horas en verano y de una hora en invierno.


A las seis y media de la mañana de aquel 14 de febrero llamaba a la puerta de la muralla y daba grandes voces “Pachín”, hermano de Salvador Martínez García, para comunicarle a éste el fallecimiento de su tío, “El Linero”, con lo que Salvador pidió la llave de la puerta al encargado de la custodia de la misma que era José García Pastor, conocido popularmente como “Quico el perdigón”, para poder abrir la puerta y marcharse al duelo de su tío.


Josefa Teruel se marchó del Castillo a las ocho de la mañana para abrir el puesto de frutas y verduras que tenía en la plaza de abastos. Hasta ese momento aún no se había descubierto el robo de la Cruz.


Damos un pequeño salto en las horas, después volveremos atrás, y nos situamos en las 11,30 de la mañana, donde en el Juzgado de Caravaca se recibe comunicación telefónica del Comandante de Puesto de la Guardia Civil dando cuenta de robo. Inmediatamente el Sr. Juez de Instrucción D. Andrés León y Pizarro ordena la instrucción del sumario –que llevará el número 14 de orden- y como primera medida se desplaza el juzgado al Castillo donde se constituye a las 12 horas asistido del Secretario D. Eduardo López de Haro para practicar una inspección ocular del lugar de los hechos. En esta primera diligencia se describe el recinto amurallado del Castillo con su puerta, el edificio anejo al Santuario que sirve de vivienda al Capellán, el exterior del Santuario, las viviendas que hay en el interior y que son parte de los torreones, de carácter humilde, que alojan a personas necesitadas y sin más recursos. Pero donde se centra la inspección es en la Puerta de San Lázaro, donde hay un agujero de 19,5 X 37 centímetros y diversas herramientas en los escalones que conducen a este acceso del templo...

Saludos.

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Última edición por Alfonso Pozo el Dom Sep 28, 2008 7:30 pm, editado 1 vez
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Alfonso Pozo
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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Sáb Sep 27, 2008 3:29 pm

(6)

En el agujero practicado en la puerta de San Lázaro y que está situado en su parte derecha y casi junto al suelo, se observan hasta 22 punzadas de berbiquí, que parece ser que fueron de tanteo, por una de las cuales se introdujo un serrucho de hoja estrecha con el que se empezó a aserrar la madera, utilizándose también una palanqueta para hacer saltar las maderas. Se dice en la diligencia que el hueco está hecho por personas inexpertas en la materia y que tardaron aproximadamente dos horas en esto. AQUÍ QUIERO HACER LA PRIMERA CONSIDERACIÓN MÍA: NO SE DICE EN ESTA DILIGENCIA, NI EN LA OTRA POSTERIOR QUE PRACTICA EL JUEZ ESPECIAL, QUE EN LOS BORDES DEL HUECO EXISTAN RESTOS O INDICIOS DE FIBRAS DE TEJIDOS. SI TENEMOS EN CUENTA LAS MEDIDAS DEL HUECO, 19,5 X 37 CM, SI REALMENTE ALGUIEN PASÓ POR AHÍ ES INEVITABLE QUE DEJASE RESTOS DE LA ROPA QUE LLEVABA PUESTA, ALGÚN HILO, ALGO ¿NO?, PUES NO HAY ESTOS RESTOS PARA NADA, SOLO SERRÍN Y CLAVOS RETORCIDOS.


En los escalones se encuentra un serrucho normal, otro de hoja fina, un berbiquí con el pomo desprendido y rota la madera que sirve para girar, tres brocas para el mismo, una palanqueta que parece proceder de un eje de transmisión de maquinaria, una navaja de uso común entre la gente del campo con cachas blancas y una liga de hombre de pequeñas dimensiones que hace suponer una pantorrilla delgada a su propietario. Todas las herramientas son nuevas.
En el interior de la Iglesia, en el altar de su Capilla Mayor donde, en el Sagrario, se guardaba la Santísima Cruz, aparece, tendida boca abajo la sacra central que se coloca delante del Sagrario, cuya puerta ha sido violentada y hecha saltar con palanqueta por su ángulo superior izquierdo próximo a los dos goznes. Esta puerta es de madera dorada a fuego con tres serraduras que permanecen echadas. En el interior del Sagrario, protegido con chapa metálica, aparece corrida su cortinilla y en el suelo del mismo, en su parte izquierda y recostada en el lateral, aparece una especie de tapadera de raso con bordados y piedras preciosas. Delante del Sagrario, entre este y la sacra, aparece, abierta en sus dos hojas, la caja de plata cincelada en la que se guardaba la Santísima Cruz y a su lado izquierdo, sobre la sacra, una pequeña cantidad de tierra procedente de un florero que no ha sido hallado. SEGUNDA CONSIDERACIÓN MIA: EL FLORERO EN CUESTION DECLARARÁ EL SACERDOTE D. ILDEFONSO EN UNA DE LAS COMPARECENCIAS POSTERIORES, QUE SE ENCUENTRA EN LA MESA CALICERA DE LA SACRISTÍA, PERO ESE DÍA NADIE REPARO EN ÉL, Y TAMBIEN SE ENTRÓ A LA SACRISTÍA A INSPECCIONAR EL ARMARIO Y DEMAS. ¿ACASO PRESENTABA ALGUNA HUELLA Y ALGUIEN LO RETIRÓ PARA LIMPIARLO Y OLVIDARON COLOCARLO EN SU LUGAR?


El resto del altar está en completo desorden: varias bombillas eléctricas unidas a sus cables, molduras arrancadas, un candelabro de metal inclinado, etc.


En la sacristía existe un pequeño armario o alacena donde se guardaban las tres llaves que servían para accionar otras tantas cerraduras del Sagrario, con señales de haber intentado violentarlo con palanqueta y desistido de ello por cuanto permanece cerrado y con las llaves en su interior.


A continuación el Juzgado se traslada a la parte izquierda de la muralla donde, en uno de sus contrafuertes en forma de plano inclinado, unos niños de la familias que habitan en el interior del recinto, encontraron un gancho de hierro y unas cuerdas que quitaron de su sitio y volvieron a colocar por orden del padre de uno de ellos. Se observa sobre la muralla, un gancho de hierro terminado en punta por uno de sus lados y en anilla por el otro, de la cual pendía hacia el exterior una cuerda como de persiana que llegaba al pie de la muralla y un cordón de pasamanería como de cortinajes o reborde de cojines con una piedra atada al otro extremo que se encontraba en el interior del recinto. En la parte superior del gancho se observa una tabla atada al mismo en forma de cruz con una soga, en opinión del Juzgado “para evitar oscilaciones”.


El Sr. Juez ordenó que se sacasen fotografías, que se conservan, de la puerta de San Lázaro, del Sagrario, del gancho sobre la muralla por el interior y de la cuerda pendiente del mismo por el exterior, con lo cual termina la inspección ocular.


Quiero aclarar que todo lo relatado son textos del propio sumario, solo me atrevo ha hacer dos consideraciones y estas, para que se distingan, están en mayúsculas. El mismo día en que se descubre el robo empiezan a comparecer ante el Juez las personas que habitan en el interior del Castillo. Pero la noticia ya ha corrido como un reguero de pólvora y las gentes de Caravaca empiezan a acudir al Santuario a comprobar lo que nadie se explica. La Guardia Civil de Caravaca pide refuerzos a la Comandancia ante el temor de disturbios o enfrentamientos entre la población. Así, está contabilizado por las facturas que se pagaron por parte del Ayuntamiento (sesión del 11 de marzo de 1934) al hotel Victoria, que alojó a 12 guardias y a la posada de Angel Vila Llinares donde se alojaron otros 22 guardias, mas otros que se alojaron en casas particulares. Y es que todavía surge alguna voz aislada en contra de la Cruz, así hubo de ser protegida por la fuerza pública la esposa de R.M.P. que dijo “que si aparecía la Cruz se la diesen a ella para hacerse un chamariz” (1). Es cierto que fue el único incidente público en este sentido. Los llamados anticlericales guardaron silencio ante esto y no dieron muestras de aprobación. Mas bien, el sentir generalizado de Caravaca era de pesar por este hecho, que tuvo una gran repercusión nacional.



(1) Informe de FET y de las JONS de 1939. AMC

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Última edición por Alfonso Pozo el Dom Sep 28, 2008 7:31 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Sáb Sep 27, 2008 9:12 pm

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Última edición por Alfonso Pozo el Dom Sep 28, 2008 7:35 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Sáb Sep 27, 2008 9:19 pm

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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Sáb Sep 27, 2008 9:20 pm

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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Sáb Sep 27, 2008 9:21 pm

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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Dom Sep 28, 2008 8:38 pm

(7)

Seguimos situados en el día 14 de febrero de 1934. Día fatídico para Caravaca en general. Me relataban los que vivieron estos hechos diversas versiones: unos decían que había sido la derecha para culpar a la izquierda de ello y desalojarles del poder local; otros que había sido la izquierda para suprimir el referente de fe que tenían las gentes de aquí, incluso la mayoría de los militantes de izquierdas y que hasta se habían atrevido a decirlo en público en diversos mítines: “Que lo que había que hacer con la Cruz era arrojarla desde una almena al foso del Castillo”. Otros me decían que había sido obra de la masonería, no tanto por llevarse un símbolo de origen templario y que alguien lo ha querido ver como relacionado con ciertos ritos iniciáticos, sino por hacer desaparecer el referente religioso de la ciudad, ya que la masonería española está influenciada por la masonería francesa y sus postulados son completamente laicos. Pero la verdad es que en el sumario del robo no aparece esta “pista” hasta 1939, es decir, cinco años después del robo y la aporta, entre otras pistas que no conducen a nada, D. Tomás Hervás García, Arcipreste de Caravaca. Otros, que ante la situación de persecución religiosa y desprecio a la Cruz que le hacían algunos de aquí ante la indiferencia de la mayoría de los habitantes de Caravaca, fue la propia Iglesia la que hizo desaparecer la sagrada reliquia temiéndose que pudiera ocurrirle algo. Otros me decían que el móvil fue económico. Otros daban otras versiones, yo creo que tantas como con gente he hablado de este tema. Cada uno tiene su propia versión y nunca he tratado de convencer a nadie, por disparatado que fuera su argumento. Pero me llamó la atención poderosamente un elemento común a la mayoría de las personas con las que pude hablar de ello y que vivieron aquel suceso: Una especie de sentimiento de orfandad se apoderó de ellos. Es como si les arrancaran por la fuerza algo que era parte de ellos mismos, que formaba parte de su propio ser. Es cierto, y creo haberlo dicho, que el culto a la Santísima Cruz en ese momento era minoritario, me contaba Francisco Medina Marín, el popular y querido por todos Paco el de la librería Liceo, que él, que habitaba junto con su madre y dos hermanos la casa que está, aún en el día de hoy, justo encima de la puerta de acceso al Castillo, veía que a la misa diaria tan solo acudían seis o siete mujeres y como único hombre el que fuera mi tío abuelo Pablo Celdran, con quien todos los días se cruzaban en la cuesta cuando Paco iba a trabajar sacando taloneras a un alpargatero.


A medida que va corriendo la noticia del robo, las gentes van saliendo de su letargo pasivo de religiosidad y a la vez que se confirma la noticia la ira y la impotencia se van apoderando de la mayoría. Ante esto y en previsión de desordenes públicos se concentra en Caravaca una numerosa fuerza de la Guardia Civil y de Carabineros. La gente se desplaza hasta el Castillo y quieren comprobar por sí mismos la desaparición de la Cruz, algunos piensan que es una horrible pesadilla y que no puede ser cierto, y es que la religiosidad es algo tan arraigado que la moda la puede desplazar circunstancialmente pero nunca eliminar de raíz. Desde luego una cosa si que consiguió aquel hecho de una manera inmediata y fue despertar en los Caravaqueños esa religiosidad basada en la tradición de siglos. Y yo creo que es a partir de esos acontecimientos, de esas manifestaciones espontáneas donde se da cuenta quien tiene la Cruz, que esta quema en las manos, además de que después ocurrirán otros acontecimientos que conducirán a un camino sin retorno al menos mientras exista memoria viva del tema. Pero esto forma parte de mi propia teoría y esa es otra historia.


Aquel día el corresponsal de La Verdad en Caravaca que era D. Felipe Martínez-Iglesias, da cuenta a las diez y media de la mañana por teléfono al periódico de la noticia, inmediatamente se traslada a Caravaca un periodista de la redacción para cubrir la noticia. Este periodista supo ver más allá de lo que es la noticia y supo recoger perfectamente lo que es el sentir de la gente, claro, que la gente no dudó en exteriorizar sus más arraigados y profundos sentimientos. La primera frase es el resumen de la realidad en cuatro palabras: Caravaca está de duelo. Se da cuenta en esta noticia de prensa del estado y del sentir de Caravaca, ya se habla de determinado sector político que está detrás del robo. El robo se descubre sobre las nueve y media de la mañana por tres niños que lo comunican a la hermana del capellán, según la exploración hecha a estos por el Juez, inmediatamente se congregan varios de los habitantes del Castillo que junto con Teresa Ramírez entran en el interior del templo y comprueban que el sagrario ha sido forzado y que no está la Cruz. Se manda aviso al Capellán, que está en la parroquia del Salvador y a la Guardia Civil. Una pareja del benemérito cuerpo al mando de un cabo se traslada al Castillo donde descubren las herramientas que se encuentran en los escalones de la puerta de San Lázaro. A partir de aquí se informa al Comandante de puesto de la Guardia Civil quien lo comunica al Juzgado.


Cuando el Juzgado realiza una “minuciosa inspección del lugar” se retira del Castillo ordenando a la Guardia Civil la custodia del mismo y que impidiera el acceso a la gente con el fin de evitar el que desapareciera huellas o pruebas en el mismo.


El propio sacerdote del Castillo pidió al Teniente de la Guardia Civil que impida el acceso a los numerosos Caravaqueños que han llegado y que quieren postrarse ante el sagrario vacío del santuario.


El comercio de la localidad cerró sus puertas de una manera espontánea en señal de protesta. A las tres y media de la tarde se reúne la junta representativa de la Cofradía, que por entonces la componían cinco personas bajo la presidencia del Hermano Mayor que lo era D. Antonio Martínez-Carrasco Blanc. En esta reunión se acordó solicitar de la Autoridad Municipal la autorización para convocar un Cabildo extraordinario, mostrarse parte en el sumario que empezaba a instruirse, desplazarse una comisión a Madrid para gestionar de la Dirección General de Seguridad el envío de agentes especializados, prestar a la Autoridad toda colaboración para descubrir los autores y recuperar la reliquia. Una vez concluida se trasladaron al Ayuntamiento solicitando al Alcalde que les acompañara a Murcia a visitar al Gobernador Civil donde le expondrían la adopción de medidas extraordinarias para detener a los autores. Miguel de Luelmo entendió que en esos momentos era conveniente no abandonar la ciudad y desde el Ayuntamiento se telefoneó al Gobernador, Sr. Rodríguez Serrano, quien les informó que él era la persona que más interés tenía en el esclarecimiento del robo, y al parecer les sugirió a todos que permanecieran en Caravaca intentando contener a sus habitantes, por lo que la junta de la Cofradía desistió de su viaje a Murcia.


A las cuatro de la tarde comienzan las comparecencias en el Juzgado. El primero en declarar es el Capellán del Santuario D. Ildefonso Ramírez Alonso, de 50 años y natural de Águilas, el que declara que la tarde anterior enseñó el Santuario y dio a adorar la Santísima Cruz a una profesora de francés del Instituto de segunda enseñanza y a un hermano de esta. Que tiene su domicilio en el edificio anexo al Santuario y su dormitorio en la fachada opuesta a la puerta de San Lázaro. Que desde que tomó posesión en el año 1929 la Cruz ha permanecido en el Sagrario y no ha hecho uso del armario que existe en la vivienda para guardar la reliquia durante la noche (1), tal y como hacían sus predecesores. Que las llaves del sagrario permanecen en un armario cerrado de la sacristía. Que la noche anterior se acostó sobre las once y no vio ni oyó nada anormal. Que se levantó a las seis y media y marchó a la parroquia del Salvador donde tenía que oficiar por ser miércoles de ceniza, razón por la que no se celebró la misa acostumbrada de las ocho y media en el Castillo esa mañana. Que sobre las 11 fue avisado del robo estando en la parroquia y dio aviso a la Guardia Civil y se trasladó al Castillo donde fue informado por su hermana y comprobó personalmente el agujero de la puerta de San Lázaro, el Sagrario destrozado y la falta de la Cruz. No puede explicarse lo ocurrido ni aportar ningún dato sobre el particular. Por último hace una descripción somera de la Santísima Cruz.


A continuación declara su hermana. Teresa Ramírez Alonso, de 38 años y natural de Águilas...

(1) Posteriormente se demuestra que miente en esta afirmación.



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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Sáb Oct 04, 2008 7:53 pm

( 8 )

Estimados asiduos del foro, como quiera que hemos entrado en la parte de robo que está sumariada y que por lo tanto es imprescindible hacer una muy amplia referencia al sumario, a sus declaraciones y a sus diligencias practicadas para poder establecer un criterio veraz sobre los acontecimientos, pero entendiendo que al relatar esta parte, aunque trato de resumirla al máximo sin perder su contenido, alguien pudiera pensar que estoy largando un “rollazo” o que estoy “plagiando” el propio sumario. Y ante esto quisiera dejar claro que para proseguir es imprescindible seguir relatando lo que consta en el sumario, es el único documento oficial -como creo haber dicho- y también veraz. Con sus lagunas y errores que analizaremos en su momento, pero que resulta esencial si queremos conocer como ocurrieron estos sucesos de una forma seria.


También en este punto quiero agradecer expresamente a los contertulios del foro que se han dirigido a mí dándome ánimos para proseguir, en especial a Jules, Gregorio Piñero, Arcoiris, Jesusciudad y José María Sánchez, ya que estaba erróneamente convencido de que esta tema no interesaba a nadie y os puedo asegurar, aunque solo sea por vosotros, que seguiré sacando a la luz todo lo que dispongo. Quiero dirigirme a Jules para decirle que estoy terminando de corregir la redacción del estudio que tengo hecho y que básicamente lo cuento al principio, a partir de la corrección empezaré a ver el tema de la publicación del mismo, y te agradezco especialmente tu interés. Llevas razón en el hecho de la exhumación y forma parte del relato de esta historia, aunque solo sea para demostrar que se trataron de hacer las cosas bien desde la Administración de Justicia, aunque repito que hubo fallos que se aprecian después de ver la instrucción del sumario, por lo que estoy convencido que actuaron bien, y el propio Juez fue consciente –aunque tarde- del principal error en la instrucción. Pero ya llegaremos a ello. Por último agradecer a los que se han dirigido a mí por medio de e-mail y que les he contestado a cada uno de ellos de forma personal.


Y prosiguiendo con la relación de las declaraciones, recordar que estamos situados el 14 de febrero de 1934, por la tarde y en el Juzgado. Después de la declaración del Capellán lo hizo su hermana. Teresa Ramírez Alonso, de 38 años y natural de Águilas declaró que la tarde anterior acompañó a su hermano a enseñar el Castillo a la profesora de francés del instituto de segunda enseñanza y al hermano de ésta, y que al terminar la visita su hermano les dio a adorar la Santísima Cruz, después de lo cual quedó en el Sagrario como de costumbre (1). No recuerda haber visto a persona alguna que le infundara sospechas. La tarde anterior regresó al Castillo a las ocho menos cuarto después de visitar en al pueblo a Doña Dolores Moya y que a esa hora su hermano ya estaba en casa. Sobre la puerta de la muralla declara que se cerró a las ocho y a las ocho y media la del postigo. Que se acostó sobre las diez y que compartía habitación con la criada y que durante la noche no oyó ruido alguno ni notó nada anormal. Su hermano se levantó entre las seis y seis y cuarto y ella lo hizo a las ocho aproximadamente. Que a las diez y media le avisó un chico, sobrino de una de las mujeres que viven dentro del Castillo, que había un agujero en la puerta de San Lázaro y varias herramientas junto al mismo, bajó a comprobarlo con el natural sobresalto e inmediatamente pidió a la criada las llaves del Santuario y entró acompañada de varias de las personas que viven en el recinto y descubrieron el Sagrario violentado y la falta de la Santísima Cruz. Que llamó por teléfono a la Guardia Civil y envió recado a su hermano a la Parroquia, que subió de forma inmediata. Que todas las personas que habitan en el Castillo le merecen buen concepto y no sospecha de nadie. Que tampoco tiene noticias de que persona alguna saliera del recinto en la noche del robo.


Posteriormente declara Maria López Ruiz, criada del Capellán y de su hermana, de 25 años y natural de Vélez Rubio, quien manifiesta que la puerta de la muralla se cierra a las ocho y media y se abre por la mañana, en este tiempo –invierno- de siete a siete y media. Que se encargan de abrir y cerrar la puerta por turnos mensuales las familias que habitan el Castillo y que la noche del robo le correspondía a Ramona (se refiere a Ramona Rodríguez Azorín que es la esposa de José García Pastor –Quico el Perdigón- que son la familia encargada por el Capellán de la custodia de las llaves de la puerta de la muralla. Los turnos son únicamente para abrir y cerrar la puerta y esa noche le correspondía a Carmen Fernández Medina –Socorrica-). Que duerme en la misma habitación que la hermana del Capellán y que esa noche se acostaron todos los de la casa entre las diez y las once. Que no oyó nada y a la mañana siguiente le bajó el desayuno al Capellán a la Parroquia del Salvador. No vio el hueco realizado en la puerta de San Lázaro ni al bajar ni al subir debido a la situación lateral de la fachada en donde se encuentra la puerta citada. Se enteró del robo a las diez y media por la hermana del Capellán y entró con ella y con varios vecinos más al interior del Santuario, comprobando el Sagrario violentado y la falta de la Cruz. Que se avisó inmediatamente al Capellán y a la Guardia Civil y al poco empezó a acudir gran cantidad de gente al Castillo. Que no tiene sospechas de los que pudieran ser los autores. Que la noche del robo se recogió a las siete y media y que supone que la puerta se cerró a la hora de costumbre pero se abrió a la mañana siguiente más temprano porque fueron a avisar a una de las mujeres que habitan el Castillo de la muerte de un familiar.


Después fueron declarando los habitantes del interior del recinto amurallado, y José Villalta Robles, viudo, bracero de 45 años, con dos hijos de corta edad. Se retiró a su domicilio la tarde anterior sobre las ocho y cuarto, no oyó nada durante la noche y sobre las seis y media oyó voces y abrir la puerta. Que salió temprano del Castillo y a su regresó de la plaza le enseñó su hijo Isidro un gancho de hierro con una cuerda y una piedra atada a esta que había encontrado, jugando con otros niños, en la muralla. Que otro niño le preguntó si estaban de obras en el Castillo porque había visto el agujero en la puerta de San Lázaro y las herramientas junto a él y al relacionarlo con el gancho le mandó recado a la hermana del Capellán, ya que todo esto le pareció sospechoso. Que junto e ésta y otros vecinos comprobaron el hueco de la puerta, el Sagrario violentado y la falta de la Cruz por lo que se dio a viso de forma inmediata al Capellán y a la Guardia Civil. Que no tiene sospechas de quienes pueden ser los autores pero que desde hace algún tiempo se viene diciendo por el pueblo que algo iba a pasarle a la Santísima Cruz. Por último declara que si hubiese oído el menor ruido o haber visto alguna persona sospechosa en el Castillo lo habría manifestado inmediatamente.


Josefa Teruel Ruiz de 41 años y vendedora de frutas y verduras en la plaza de abastos y también con domicilio en el recinto amurallado en unión de sus dos hijos de corta edad declaró que por su profesión pasa casi todo el día fuera de su domicilio. Que la noche del robo se acostó a la vez que sus hijos sobre las nueve y media y se levantó a la mañana siguiente próximo a las ocho de la mañana marchándose posteriormente al puesto de la plaza sin sospechar lo ocurrido. Que no oyó nada durante la noche y que se enteró del robo de la Santísima Cruz en su puesto de la plaza de abastos por el publico. Declara también que la llave de la puerta de la muralla la tiene Ramona Rodríguez Azorín de forma permanente y que se la entrega, para abrir y cerrar, por turnos mensuales a las familias que habitan el Castillo. Por último declara que no tiene sospechas de quienes pueden ser los autores.


Teresa Medina Marín, de 34 años, con domicilio en el interior del Castillo y con varios hijos de corta edad. No oyó nada por la noche y a la mañana siguiente al regresar de la plaza estaban varios vecinos llamando a la hermana del Capellán y se unió al grupo que estaban comprobando el agujero en la puerta de San Lázaro, el Sagrario violentado y la falta de la Santísima Cruz. Que no sabe quienes pueden ser los autores pero que desde hace tiempo se venía hablando por el pueblo que algo le iba a pasar a la Santísima Cruz, por lo que algunas noches se quedaban vigilando cuando el Capellán se ausentaba del Castillo por algún motivo, y cita sus últimos desplazamientos a Murcia, por ser profesor del colegio del pueblo –creo que es del instituto- con motivo de los exámenes.


Paralelamente a estas declaraciones, los habitantes de Caravaca se han ido concentrando en las inmediaciones del Juzgado de Instrucción situado en la calle de Antonio Blanc –actual plaza de San Juan de la Cruz-, ante el Ayuntamiento en la plaza del Galán y García Hernández –actual plaza del Arco-, en la propia explanada del Castillo y ante el edificio del Casino en la actual calle Mayor y que por aquel tiempo se denominaba de Marcelino Domingo.
El Alcalde no ha autorizado la celebración del Cabildo que le pedía la Cofradía por cuestiones de orden publico, evitando posibles desordenes. Miguel de Luelmo se encuentra desgastado políticamente y aislado, ya que el gobierno nacional pertenece a otra facción política y las autoridades provinciales también. Pero esta determinación crea malestar entre la población que a medida que va conociendo la noticia se concentran ante el Casino exigiendo a los miembros de la Junta representativa de la Cofradía la celebración del Cabildo con autorización o sin ella del Alcalde por lo que son los mismos que componen la junta los que piden calma a la población ya que son conscientes de que lo que está pasando puede derivar en tragedia. En esos momentos la ciudad está colocada sobre un polvorín que cualquier chispa puede hacer que estalle con consecuencias muy graves. En este lugar le comunican los miembros de la Junta representativa a la gente concentrada que a la mañana siguiente se desplazaran a Murcia una comisión para visitar al Gobernador Civil, para exponer respetuosamente su protesta y también mostrar su agradecimiento por el envío de Agentes expertos en dactiloscopia, que llegaron a Caravaca avanzada esa tarde del 14 de febrero y que comenzaron sus investigaciones nada más llegar.


(1) La costumbre era que la reliquia se subiese todas las tardes al Sagrario destinado para ello en un armario situado en la vivienda del Capellán.
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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Sáb Oct 04, 2008 8:01 pm

(9)

Posteriormente declaró Ramona Rodríguez Azorín, de 33 años, casada con José García Pastor, apodado Quico el Perdigón. Y que junto a su marido son la familia encargada por el Capellán de la custodia de las llaves de la muralla del Castillo, las cuales entregan para abrir y cerrar a la familia que por turnos mensuales les corresponde esta tarea. Declara que la puerta se cierra en esta época del año a las ocho y media de la noche. Que la encargada de cerrar la noche anterior, es decir la del robo, fue Carmen Fernández Medina conocida como Socorra o Socorrica, la que les entregó las llaves después de cerrar la puerta, según le dijo, aunque ella no comprobó personalmente si la puerta estaba cerrada o no. Que durante la noche no oyó ni notó nada anormal y que a las seis y media de la mañana oyó golpes en la puerta y que un tal “Pachín” daba grandes voces llamando a su hermano Salvador para darle la noticia de la muerte de un tío de ambos que había fallecido, apodado “El Linero”. Que le dio la llave a Salvador para que abriese la puerta y pudiera marcharse, devolviendo este la llave una vez que estuvo abierta, por lo que la puerta quedó abierta antes de la hora de costumbre. Que se levantó sobre las ocho y se marchó a la plaza y a su regreso se encontró con el Capellán que subía al Castillo “muy apurado” y que fue éste el que le dio la noticia del robo. Que su esposo se gana la vida honradamente como bracero y la noche anterior llegó a casa sobre las ocho y no volvió a salir. También declara sobre la regularidad en abrir y cerrar la puerta de la muralla del Castillo y sólo recuerda que hace unos tres meses hubo de ser abierta dos o tres veces fuera de hora para que pasasen unos vecinos que se les había hecho tarde. Por último declara que no tiene sospechas de quienes pueden ser los autores del robo.


Posteriormente declara José Martínez Guerrero, de 23 años de edad, alpargatero, el cual vive en una de las viviendas que están sobre la puerta de acceso. Que la noche anterior se recogió en su casa sobre las ocho y no oyó nada anormal hasta las ocho y media de la mañana, hora en la que se incorporó a su trabajo. Que sobre las diez de la mañana su convecino José Villalta Robles le dio la noticia del hueco que había en la Puerta de San Lázaro y el hallazgo del gancho y la cuerda de la muralla. Que fue avisada la hermana del Capellán y se unió al grupo de vecinos que entró en el interior del Santuario y comprobaron el Sagrario violentado y la falta de la Santísima Cruz. Que se dio aviso al Capellán y a la Guardia Civil. Declara también que la mañana del robo la puerta se abrió antes que de costumbre para que pudiera salir Salvador Martínez García al que le avisó su hermano de la muerte de su tío. Confirma en su declaración que las llaves las guardan el matrimonio José y Ramona y el sistema de turnos rotatorios para abrir y cerrar la puerta y por último que no tiene sospecha de quienes pueden ser los autores del robo.


A continuación declara Carmen Fernández Medina, conocida por Socorra, de 33 años y viuda que la noche del robo fue la encargada de cerrar la puerta de la muralla y entregar la llave al matrimonio que se encarga de su custodia. Vive en unión de sus dos hijos de corta edad. Manifestó que la puerta de la muralla se cierra a las ocho y media de la noche y que esa noche se cerró a esa hora, entregando posteriormente la llave a Ramona. Que por la mañana, normalmente, pide la llave el primero que tiene que salir y ese es el que abre la puerta. No notó nada anormal durante la noche y se entera de todo por su hijo Fulgencio que tiene nueve años. Comprueba el hueco de la puerta de San Lázaro y entra en el interior del Santuario junto con la hermana del Capellán y varias personas de las que habitan el interior del recinto amurallado y que son las primeras en descubrir el Sagrario violentado y la falta de la Santísima Cruz. Por último declara que no tiene sospechas de quienes pueden ser los autores.


José García Pastor, de 42 años, bracero y esposo de Ramona Rodríguez Azorín, presta una declaración que coincide en todo con la de su esposa.
Encarnación Sánchez Martínez, que es la compañera de José Martínez Guerrero coincide en lo declarado por éste.


Antonio López Sánchez de 32 años y con domicilio en la calle de Las Olivericas, por no vivir en el Castillo desde hace varios meses, en cuya vivienda quedó residiendo su padre José López Melero, pero que la noche del robo no se encontraba en la misma, por estar residiendo desde el pasado dos de febrero en casa de una hija por encontrarse enfermo. Con lo que ignora todo lo sucedido y no sabe nada más que lo que de rumor popular se dice, sin que tenga sospecha de quien puede ser el autor del robo.


Salvador Martínez García, de 25 años, soltero y de profesión hilador, declaró que a las seis y media de la mañana subió a llamarle su hermano para darle la noticia del fallecimiento de su tío, por lo que pidió las llaves a Ramona y abrió la puerta a esa hora.


Hasta aquí todas las actuaciones del Juzgado en ese mismo día 14 de febrero de 1934.


Fuera del Juzgado prosiguen las concentraciones de las gentes. El periodista que envió La Verdad de Murcia para cubrir la noticia entrevistó en el mismo Juzgado al Capellán del Santuario D. Ildefonso Ramírez Alonso, quien contestó que vive en la casa anexa al Santuario en compañía de su hermana y una criada. Que tiene comunicación con la iglesia por medio de una puerta que existe en la escalera de su casa, la que se cierra al terminar los oficios con llave y candado. También declaró que dentro del recinto del Castillo viven varias familias que habitan en los torreones que desde tiempo atrás están convertidos en viviendas. Igualmente manifestó al periodista que la mañana del miércoles se levantó a las siete y media y se trasladó a la Parroquia del Salvador, lugar en el que se encontraba imponiendo la ceniza a los fieles cuando le fue dada la noticia y que de forma inmediata se presentó al Teniente de la Guardia Civil y posteriormente al Arcipreste D. Tomás Hervás a quienes dio conocimiento de lo sucedido. El Sr. Juez de Instrucción, D. Andrés León Pizarro, no hizo declaración alguna al periodista, alegando el secreto sumarial, pero autorizó al mismo a visitar el Santuario y tomar fotografías del interior. En compañía del corresponsal de la Verdad en Caravaca, D. Felipe Martínez-Iglesias se trasladaron al Castillo donde la Guardia Civil les acompañó al interior del templo. Pudieron observar el agujero realizado en la puerta de San Lázaro, que a esas horas ya estaba protegido con cuatro barras de hierro cruzadas, el armario de la sacristía, que habían intentado forzar con un cuchillo viejo que era el que se empleaba para cortar velas. Y es que en el interior del armario se guardaban las tres llaves del sagrario, que en otro tiempo portaban el Alcaide de la fortaleza, el Mayordomo de la cofradía de la Vera Cruz y el Cura. Describen el estado en que ha quedado el Sagrario, el desorden del altar, la tierra del florero, el que curiosamente dice en el artículo que ha desaparecido. Alguien pensará que tengo fijación con el florero, pero es que si no cogemos los detalles que se dejaron sueltos, difícilmente podremos reconstruir este hecho. Y es que el florero de siempre me ha llamado la atención. El Juzgado, la Guardia Civil, Periodistas, Agentes de Policía especializados, todos haciendo referencia al florero, y resulta que éste está sobre la mesa calicera de la sacristía, donde seguramente apoyaron hasta la carpeta donde iban tomando notas, y nadie, absolutamente nadie repara en él, y eso que lo estaban buscando, y en la declaración que presta D. Ildefonso el día 23 de febrero dice que se encuentra en la mesa calicera, según le ha dicho su hermana. También añade el periodista que este robo ha tenido que realizarse por más de una persona y relata la curiosidad de que en el torreón donde están acostumbrados los vecinos a hacer sus necesidades fisiológicas, necesariamente para llegar a él se ha de pasar próximo a la puerta de San Lázaro, por lo que muestra su extrañeza de que nadie reparara en el agujero.


La misma tarde del 14 de febrero, a iniciativa de D. Pedro Antonio Moreno, director del Banco Español de Crédito se inicia una suscripción popular para premiar a los que faciliten alguna pista para recuperar la sagrada reliquia antes de las próximas fiestas de mayo. Y en pocas horas se cubre la cantidad de 20.000 pesetas, cantidad considerable si tenemos en cuenta que el sueldo medio era de 5 pesetas día.


La agitación de los caravaqueños continúa hasta bien entrada la noche, y de seguro es que pocos pudieron conciliar el sueño. Aún era la hora de la incertidumbre. Los de derechas culpan a los de izquierdas por querer destruir el referente de fe. Los de izquierdas culpan a los de derechas por que con este hecho les van a poner en contra a la mayoría de los caravaqueños.


Al día siguiente, 15 de febrero, los alumnos del instituto de segunda enseñanza, ubicado en el edificio antiguo del actual Colegio Cervantes, no entran a clase en señal de protesta y junto a profesores y vecinos que a su paso se unen, sin distinción de ideas políticas, recorren las calles hasta llegar al Juzgado donde le exponen al Sr. Juez que active las diligencias para dar pronto con los autores del sacrílego robo y con el paradero la Santísima Cruz, algunos de los manifestantes solicitaron la destitución en pleno del Ayuntamiento y en especial del Alcalde D. Miguel de Luelmo por no haber sabido custodiar debidamente la Cruz, ya que es el Ayuntamiento el encargado de su custodia desde tiempo inmemorial.

Saludos

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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Sáb Oct 04, 2008 8:06 pm

(10)

Aquella mañana del jueves 15 de febrero de 1934 seguían las investigaciones para tratar de esclarecer lo sucedido. Los dos agentes llegados la tarde anterior continuaban con sus pesquisas con la profesionalidad y el rigor necesarios. La sociedad, dividida políticamente, se seguía acusando mutuamente del hecho y cada vez con más calor se expresaban sus argumentos.


Manuel Nieto Nieto entró en el establecimiento de Adrián López-Egea Fernández y compró un par de ligas, mientras el dueño le atendía le iba contando que había perdido las suyas.


En el Juzgado se trabajaba a un ritmo acelerado. La sociedad de Caravaca exige respuestas ante sus Autoridades. El Sr. León Pizarro dicta una providencia para recabar la colaboración de los partidos judiciales limítrofes al de Caravaca. Así, exhorta a los titulares de los Juzgados de Mula, Lorca, Cieza, Hellín y Decano de los de Murcia para que inicien diligencias en averiguación de donde se han podido adquirir las herramientas encontradas en la puerta de San Lázaro, el taller donde pudo hacerse el gancho encontrado en la muralla –ya que éste presentaba restos de carbonilla y se deducía que había sido realizado muy pocos días atrás-, el paradero de la Santísima Cruz y los posibles autores del sacrílego robo.


El mismo día se cita por medio de la Guardia Civil a todos los herreros de Caravaca para que acudan al Juzgado y ninguno de ellos reconoce haber hecho el citado gancho.


Continúan las declaraciones de los habitantes del interior del Castillo que en el día de ayer y por lo avanzado de la hora, no lo hicieron. También en éste día son explorados –así se llama la declaración que realizan los menores- los niños que descubrieron el agujero y el gancho.


El primero en declarar es la persona que habita el llamado calabozo de Chirinos, que está situado en la almena que se encuentra a la derecha de la entrada al Castillo. Se llama Juan Litrán Tarancon, de 78 años, zapatero y que vive junto a su esposa ciega. Manifestó que la noche del robo se acostó temprano y que no oyó nada durante la noche. Declara que la tarde del viernes último vio a una persona forastera observando la fachada del Santuario y que no tiene sospechas de quienes pueden ser los autores.


Maria Martínez-Abarca Richarte, de 77 años manifestó que no oyó nada anormal la noche del robo. Que el pasado viernes vio a un forastero con polainas negras y pelliza de cuero deambulando por el interior de la muralla y observando el Santuario y los torreones. Que no tiene sospechas de quienes pueden ser los autores.


Juan Antonio Salazar Pérez, de 79 años y empleado del Ayuntamiento que se encarga de las tareas de limpieza y conservación del interior y exterior del Castillo. Que duerme dentro del recinto y que esa noche no oyó nada. Se enteró del robo cuando la gente empezó a subir al Castillo.


José Medina Marín, niño de 10 años que habita junto a su madre y hermanos en el interior. Confirma que vio el pasado viernes al forastero aludido en las anteriores declaraciones, al que describe como alto y grueso, con extraña vestimenta y polainas negras y pelliza de cuero, dice que estuvo observando las murallas, torreones, fachadas de los edificios, que posteriormente se marchó al pueblo, regresando al poco rato con una cámara fotográfica y que le vio sacando fotografías de la fachada, de la almena más alta y del exterior de la muralla, concretamente del contrafuerte donde fue encontrada la cuerda y el gancho.


Fulgencio Hurtado Fernández, niño de 9 años e hijo de Carmen Fernández Medina, Socorrica. Estaba con José Medina Marín y describe de igual forma que él al forastero aludido. Fue, junto con otros niños, el que descubrió el agujero en la puerta de San Lázaro y avisó a su madre.


Julián Medina Marín, hermano de José, de 7 años que en unión de su hermano José y de Fulgencio vieron al forastero el viernes sacando fotos, al que describe como su hermano y amigo. La mañana del día 14 estaba jugando con Isidro Villalta López, vieron y retiraron el gancho con la cuerda que pendía de la muralla, diciéndoselo al padre de Isidro, José Villalta Robles. Al enterarse que otro niño –Fulgencio- vio el agujero en la puerta de San Lázaro fueron todos a avisar a la hermana del Capellán.


Isidro Villalta López, de 8 años que junto con Fulgencio y Julián vieron el gancho de hierro con la tabla que llevaba atada, la cuerda y la piedra, que lo retiraron de donde estaba y se lo enseñaron a su padre, que les mandó que lo volviesen a colocar donde estaba. En esta declaración el niño se hace un verdadero lío y no se puede aclarar si volvieron a colocar el gancho antes o después de que le viese la hermana del Sacerdote y si fue esta la que dispuso colocarlo de nuevo donde estaba). Que otros niños vieron el agujero y las herramientas y de todo esto avisaron a la hermana del Cura.


Se recibe un telegrama en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Caravaca remitido por el Director General de Seguridad comunicando que esa misma noche salen de Madrid en el tren correo de Cartagena los Agentes del Gabinete de Identificación Sres. Magallón y Cabanillas con el objeto de practicar una inspección ocular en el lugar de los hechos para encontrar posibles huellas dactilares.


Esta misma mañana, el Sr. Juez de Caravaca dicta un Auto por el que autoriza a los Agentes de la Autoridad a entrar y registrar, a cualquier hora, en cualquier local o domicilio particular de cualquier persona que pudiera resultar sospechosa, sin comunicación previa al Juzgado. También se envía desde el Juzgado un oficio a la Dirección General de Seguridad donde se describe al forastero al que han hecho mención los niños y algunos de los testigos adultos, en este mismo comunicado se acompaña una fotografía de la Santísima Cruz. Todo ello para poder difundir entre las fuerzas de seguridad.


Una comisión de casi trescientos ciudadanos, entre los que figuran bastantes señoras, a pesar de que se ha pedido expresamente que solo sean caballeros los que integren dicha comisión y entre los que se encuentran la Junta representativa de la Cofradía con el Hermano Mayor a la Cabeza, la directiva del Casino y miembros de todas las entidades de Caravaca, entre los que hay obreros y patronos, sin distinción de ideologías políticas, se desplaza a Murcia a las dos de la tarde con el objeto de entrevistarse con el Sr. Gobernador Civil y visitar las redacciones de los periódicos que se editan en Murcia para solicitar su colaboración. Para poder trasladar a tanta gente a la Capital se ha hecho necesario pedir a la empresa Alsina –que por entonces operaba la línea de Caravaca-Murcia por carretera- que disponga de un servicio especial para el viaje de tan multitudinaria comisión, a lo que la empresa accedió, y al ser insuficiente el número de coches de línea que pudo reunir en nuestra ciudad, se tuvieron que emplear todos los automóviles de alquiler de Caravaca, así como los particulares, y a pesar de eso, bastante gente hubo de resignarse a quedarse aquí, ya que no hubo plazas para todos los que querían ir.


El diario La Verdad de Murcia, en su edición del día siguiente da cuenta del hecho, así como la visita que realizaron a la redacción del periódico para agradecer la difusión de la noticia y pedir que continúen con la campaña emprendida hasta lograr recuperar la Santísima Cruz. En esa misma edición hay un artículo editorial en el que se deja ver las dos versiones que entre la población circulan sobre el robo.


En torno a las ocho de la noche el Gobernador Civil –que regresaba de una visita oficial a Águilas- recibió a los numerosos comisionados que además de su despacho, abarrotaban las dependencias aledañas y pasillos del Gobierno Civil. A esta improvisada recepción se sumaron otras autoridades provinciales entre los que figuraban los Diputados Reverte y Martínez Moya, el Teniente Coronel Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Murcia y el Presidente de la Audiencia Provincial –y antaño Juez de Caravaca- don Luis Bernardo.


Invitados que fueron por el Gobernador a exponer sus quejas y peticiones tomó la palabra D. Antonio Martínez-Carrasco Blanc, Hermano Mayor de la Cofradía, para manifestar la protesta y el sentimiento de toda la ciudad de Caravaca ante este sacrílego robo. Después, otros de los asistentes expusieron a la primera autoridad provincial las quejas con respecto a las autoridades municipales de Caravaca por sus provocaciones constantes en contra de los católicos –y es que estaba muy reciente el tema del arbitrio de campanas-, así como otros detalles de los que la amplia nota de prensa no da referencia. El tema más importante que plantean los comisionados es recabar el apoyo de las Autoridades provinciales para que se designe un Juez Especial para la instrucción del sumario. En las palabras que dirigió el Gobernador a estos, les informó de que el ministro de la Gobernación se había interesado por el tema y que se habían adoptado medidas especiales en las fronteras para evitar que la Cruz pudiera salir del territorio nacional, pidió serenidad a todos y que no se produjeran disturbios en Caravaca a fin de que la Guardia Civil y Policía enviados a Caravaca pudieran estar centrados en sus pesquisas y no en mantener el orden público. Desde el propio Gobierno Civil se cursaron telegramas al Ministro de Justicia y al Presidente de la Audiencia Territorial del Albacete en los que se pedía la designación de un Juez Especial. Los directivos provinciales de Acción Popular pudieron hablar por teléfono con su líder nacional Sr. Gil Robles al que informaron del hecho y le pidieron se sumara a la petición efectuada al Ministro de Justicia.


Esa misma noche algunas emisoras nacionales emiten la crónica del robo de la Cruz y la recompensa ofrecida de 20000 pesetas a la persona que devuelva la reliquia o aporte alguna pista que conduzca a ella, esta noticia fue radiada desde Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia.

Saludos

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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Jue Oct 16, 2008 10:20 pm

(11)

Nos encontramos en la mañana del viernes 16 de febrero de 1934. Se presentan ante el Juez y se ponen a su disposición los Agentes del Gabinete Central de Identificación de la Dirección General de Seguridad D. Rafael Martín Cabanillas y D. Tomás Magallón Antón, los que nada más llegar se ponen a trabajar. Para ello se desplazan al Castillo para realizar la correspondiente inspección en el lugar de los hechos y emiten un informe, que se incorpora al sumario, donde describen con todo detalle el agujero que se encuentra en la puerta de San Lázaro, el altar donde se encuentra el Sagrario, etc. También informan de que han aplicado los reactivos para determinar huellas dactilares en las herramientas y en la navaja halladas con el resultado de que no aparece ninguna huella en las mismas.
Este mismo día se recibe un telegrama de la Audiencia Territorial de Albacete comunicando la designación de Juez especial para la instrucción del sumario por el robo de la Cruz, al titular del Juzgado de Daimiel (Ciudad Real), D. Antonio Álvarez del Manzano y García Infante. También existe otro telegrama, éste del Sr. Álvarez del Manzano, remitido desde Daimiel, donde se interesa si existe comunicación entre el tren que llega a Calasparra a las seis y media y Caravaca.
La Guardia Civil instruye atestado a Manuel Nieto Nieto, apodado Calín, de 29 años y de profesión herrero. Entre las pesquisas realizadas por los miembros del Benemérito Instituto, se han encontrado con qué en el día anterior (15 de febrero) y en el establecimiento de D. Adrián López-Egea Fernández, Manuel Nieto compró un par de ligas en su establecimiento. El mismo comerciante declaró en el atestado “que si mal no recuerda, dijo haber perdido las suyas”. Interrogado Manuel por el Alférez de la Guardia Civil y preguntado para que diga donde compró las ligas que lleva puestas, contestó que en Alcantarilla, por lo que fue puesto a la presencia del comerciante D. Adrián, rectificando su declaración y afirmando que se las había comprado a él y tratando de justificar esta contradicción explica que un primo suyo llamado Mariano le había dicho antes del interrogatorio que si le preguntaban por las ligas que dijese que él no sabía nada. Fue preguntado por las ligas anteriores a estas y él dijo que se encontraban en su casa, y acompañado a la misma por la Guardia Civil y tras buscarlas por toda la casa no las pudo encontrar. Fue preguntado por los lugares donde estuvo la noche del robo y en este atestado solo se justifica hasta las once y media de la noche, aunque en su declaración ante el Juez lo hace hasta la una y cuarto de la madrugada, hora en que se acostó. Quedó detenido para ser puesto a disposición del Juez. Posteriormente fue interrogado su primo Mariano Nieto Cortés, de 19 años y de profesión herrero –al que posteriormente en los años 70 se le dedicaría una calle en Caravaca, Mariano Calín- el que fue preguntado que por qué le dijo a su primo que no dijera nada de las ligas si era preguntado por la Guardia Civil, contestando “que lo hizo sin intención”. La noche del robo se retiró a su casa entre las ocho y las nueve de la noche y niega haber hecho el gancho de hierro encontrado en la muralla.
Este atestado fue entregado al Juez Sr. León Pizarro el día 17, junto con el detenido Manuel Nieto Nieto y todas las herramientas, navaja, liga de caballero y un trozo de tocino envuelto en un papel, todo ello hallado en las inmediaciones de la puerta de San Lázaro.
Estas diligencias policiales debieron de comenzar a instruirse el día 15, ya que el diario La Verdad del día 16 da la noticia de que de madrugada hay dos detenidos por la Guardia Civil y cita expresamente al herrero apodado Calín.
El Sr. Juez que recibe el atestado, el detenido y las piezas que se entregan como pruebas, no practica ninguna diligencia, más que ordenar la detención e ingreso en la cárcel de Manuel para ponerlo a disposición del Juez especial y, en caso de que no se posesione en el plazo reglamentario, tomarle declaración y continuar con la instrucción.

Hasta aquí he resumido todo lo instruido por D. Andrés León Pizarro. Y creo que ha llegado el momento de hacer varias observaciones que se deben de considerar y en la que os pido que realmente deis vuestro parecer, ya que lo mismo yo tengo una idea fija que me impide ver más allá, y ya que el principal objetivo que tengo es compartir la información que aporta este sumario, para que, partiendo de lo mismo, conocer otros puntos de vista y de esa manera comparar con mis propias conclusiones. Por lo que os agradezco por anticipado vuestras intervenciones y de paso también podemos calibrar el interés que suscita este tema. Evidentemente con lo expuesto no se puede llegar aun a ninguna conclusión sobre autores, para eso se ha de avanzar todavía. Pero cosas raras hay unas cuantas. Y es inevitable el que surjan preguntas mentales que uno se va haciendo a medida que avanza en el sumario. A algunas preguntas encontraremos respuesta a medida que avanzamos, otras se quedan definitivamente y hasta el día de hoy sin ningún tipo de respuesta.

La primera cosa que me llamó la atención con respecto al sumario fue la designación de un Juez Especial. Teniendo en cuenta en primer lugar que el Juzgado de Caravaca está a cargo de un titular, es decir de un Juez de carrera, que no es natural de Caravaca y por lo tanto en este tema no se le puede imputar que tenga parcialidad, que el juzgado de Caravaca no tiene una gran acumulación de trabajo en la fecha que nos ocupa –el sumario lleva el número 14 de orden- y la media de casos penales es de uno cada tres días, y que además, nadie le ha recusado. Por otro lado la rapidez en la designación del Juez especial y la rapidez en la toma de posesión del mismo. Teniendo en cuenta la fecha del descubrimiento del robo y la fecha de la designación del Juez, se observan que apenas transcurren 48 horas, y de la toma de posesión 24 horas más. Para mí, como caravaqueño, la Cruz es algo importantísimo, es el referente cristiano que mis mayores han venerado y que por tradición familiar me han inculcado desde niño. Pero también he de reconocer que una vez que nos alejamos de Caravaca se pierde esta trascendencia. Por lo que nunca he llegado muy bien a comprender qué motivos son los que mueven a la Audiencia Territorial a adoptar esta medida. No se puede argumentar que el Juzgado está cargado de trabajo, es más, el Juzgado de Daimiel será el que sufra las consecuencias de retrasos al quedarse durante dos meses sin su titular y sin su secretario. Por otro lado los únicos que hablan y piden un Juez especial es la Junta de la Cofradía, que por cierto tardaron casi dos meses en personarse en el sumario, ya que lo hacen el 2 de abril de 1934 y pocas diligencias constan que pidiesen se practicasen en averiguación de los hechos.

Otra consideración es la actitud, cuando menos dejada, del Capellán del Santuario en lo que se refiere a la custodia de la reliquia. Se sabe que sus predecesores utilizaban un armario que estaba ubicado dentro de la casa del cura para guardar la Santísima Cruz durante la noche. También se conoce que en algún momento en que no ha habido Capellán, dos miembros de la cofradía pernoctaban en el Castillo, y así me lo contaba Teresa Rico, que siendo su padre secretario de la Cofradía en la época que fue Hermano Mayor D. Antonio López y García Melgares en varias ocasiones hubieron de custodiar durante la noche a la Cruz. Y si esto se hacía en tiempos llamados normales, las precauciones eran de extremar en tiempos, diríamos, que de agitación. Así, algún vecino declara que cuando el sacerdote se marcha de la ciudad, ellos realizaban turnos de guardia durante la noche. Es decir, que existe un temor real, que las circunstancias aconsejan tomar precauciones. Por lo que nunca he encontrado respuesta a la actitud del Capellán del Castillo.

Y otra consideración que quiero hacer es sobre las pruebas encontradas. Un agujero en el que no hay restos de ningún tipo de fibras o tejidos en el contorno, de dimensiones más que reducidas. Unas herramientas donde no existen huellas de nadie. Una navaja donde tampoco existen huellas. Un trozo de tocino envuelto en un papel. La tierra de un florero que no aparece y que a la semana aparecerá, quizá traído por los Ángeles como siglos atrás lo hicieran con la Cruz, sobre la mesa de la sacristía. Un gancho con una cuerda que no sirve para nada, y a cuyo extremo que pende ha habido la necesidad de atarle una piedra para que la cuerda quede tensada, ya que de lo contrario, la cuerda tiende por su poco peso a recobrar su posición de madeja.

De siempre me ha llamado la atención el hecho de que algunos de los vecinos mintiesen en cuanto a la hora del cierre de la muralla, pero me llama la atención más aun el hecho de que el Capellán y su hermana fuesen conocedores de esto y también mintiesen. Y esto lo veremos más adelante, ya que la información extraída del sumario, la voy dando a conocer de una manera cronológica.

También me llama la atención el conocimiento del recinto que tenía nuestro “caco”. Sabe que las llaves del Sagrario están en el armario de la sacristía e intenta forzarlo con un cuchillo viejo de cortar velas, cuando dispone de una barrena de 68 centímetros con la que hubiese sido más factible hacer saltar la cerradura. Lo mismo se dio cuenta de que si abre el armario y con las llaves abre el Sagrario hubiera dejado una indeseada pista: que el autor era conocedor de los pormenores del Santuario. De todas maneras dejó la pista.

Y, aunque hay muchas más cosas que me llaman la atención pero que aún no hemos llegado a ellas y por lo tanto ya las analizaremos, me llamó la atención el que en la declaración de los hermanos Ramírez Alonso –Capellán y hermana- hagan hincapié en la costumbre de dejar la Cruz en el Sagrario durante la noche, cuando la mayoría de la población sabía que en el interior de la casa del cura había un armario para guardar durante la noche a la Santísima Cruz. Como anécdota, aunque con resultado trágico, y para avalar esto diré que en los Sumarísimos de Urgencia números 200/1939 y 366/1939 de la Auditoria de Guerra de Murcia instruidos por el Juzgado Militar Permanente de Caravaca y que fueron dos de los tres sumarios que se instruyeron por los asesinatos ocurridos en el Castillo la noche del 1 de octubre de 1936 –también están enteros por si a alguien le interesa- se cita este armario repetidas veces ya que en él se han escondido dos personas que resultaron asesinadas después. Y volviendo a nuestro “caco” de siempre me ha llamado la atención cómo podía saber que la Cruz se encontraba en el Sagrario.

Y por último diré el que considero primer fallo y esencial en la instrucción del Sumario. ¿Por qué León Pizarro no ordena de manera inmediata y una vez personado en el Castillo la detención e incomunicación de todos, absolutamente todos, los que habitaron el recinto esa noche, hasta que hubiesen prestado la oportuna declaración, incluidos el Capellán, la hermana, la criada y hasta el de la moto? A esto siempre me he dicho que el Juez, como persona de carne y hueso, ya seguía las especulaciones y rumores que por el pueblo circulaban, y que estas estaban basadas en unos personajes que abiertamente se habían manifestado contra la religiosidad de Caravaca. Pero desde luego si hubiese adoptado esa medida no quedaría la duda mas que razonable de que algo importante se le escapó de las manos en sus propias narices. Miró hacia el lado que todos miraron en ese momento, pero desde luego el que lo planeó ya sabía con antelación hacia dónde se iban a dirigir todas las miradas.
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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Jue Oct 16, 2008 10:25 pm


Llegamos así al día 17 de febrero de 1934. Toma posesión el Juez especial nombrado para la instrucción del sumario por el robo de la Cruz, D. Antonio Álvarez del Manzano y García Infante, titular del Juzgado de Daimiel (Ciudad Real) y especial para este sumario, en su primera diligencia, nombra Secretario que le auxiliará en la instrucción de éste al Secretario del mismo juzgado de donde procede, D. Enrique Blázquez Aparicio. De forma inmediata se pone manos a la obra y ordena una serie de diligencias encaminadas a esclarecer los hechos. La primera de ellas es hacer una nueva inspección en el lugar de los hechos, la segunda ampliar las declaraciones de todos los que han declarado hasta ahora en el sumario. Nombra peritos a los maestros carpinteros D. Alfonso Martínez García y D. José Zarco Martínez. Se hace cargo de las piezas encontradas y del único detenido que existe hasta ese momento, Manuel Nieto, Aunque a lo largo del día quedaran algunos más detenidos e incomunicados.

Fuera del juzgado, aparece una hoja impresa en la que se anuncia una recompensa de 20.000 pesetas (que son unos treinta millones de las antiguas pesetas aproximadamente en nuestros días) para aquel que devuelva a la Santísima Cruz o dé una pista que lleve a su paradero. Tentadora recompensa en medio de una sociedad con escasos recursos incluso en las denominadas clases burguesas. Baste decir como anécdota, la cantidad de anticipos que el Ayuntamiento ha de facilitar a sus funcionarios, todos, a lo largo de esos años, así, Pepe Luelmo hubo de solicitar el día 4 de marzo de este año un anticipo de dos mensualidades para poder hacer frente a los gastos de desplazamiento con motivo de su enfermedad, el que le fue concedido presentando como fiador a su hermano Ildefonso el que solidariamente respondía al citado anticipo en caso de no devolverse por las causas que fueran. Decir también, para evitar elucubraciones, que Pepe Luelmo solicitó varios anticipos a lo largo de su etapa como funcionario municipal.

El rumor popular ha ido determinando quiénes son los autores del robo y el motivo. Y es que se significaron demasiado en manifestar su anticlericalismo. Hecho que pagarían muy caro.

Cuando el Juez recibe las piezas de convicción, estas se detallan de una manera más clara que en la primera diligencia que se practicó en el lugar de los hechos el mismo día que fue descubierto el robo. Se describe una barrena de acero de 68 cm de largo que por un extremo tiene boca natural de barrena de 3 cm de ancho y por el otro termina en punta larga y aguda en forma de lanza de 10 cm. En la primera inspección de describe como una palanqueta procedente de un eje de maquinaria. Y aquí viene otra cuestión: o en la primera diligencia se describe francamente mal o es un nuevo elemento. También se describen las siguientes piezas: Un hierro doblado en forma de gancho de 75 cm que por un extremo termina en punta aguda y por el otro en forma de anilla. Una madera de 32 cm atada al gancho en sentido horizontal con una soga de esparto delgada. Un berbiquí nuevo con la madera partida. Tres brocas nuevas para el berbiquí. Un serrucho con el mango de madera, nuevo, de 30 cm de largo de la hoja y de ancho 2 cm junto al mango y 1 mm en el extremo. Un serrucho de hoja ancha de 30 cm de largo y de ancho 8 cm junto al mango y 3 cm en el extremo. Una navaja de 18 cm con muelle y hoja de 9 cm terminada en punta con cachas de cuerno. Una liga de caballero, al parecer de seda, en buen uso, color café con cuadraditos verdes. Un trozo pequeño de tocino envuelto en un papel. Una cuerda de cáñamo de 9,5 metros de largo y otra cuerda o cordón de los que se utilizan en tapicería, de color rojo, de 2,3 metros de largo y del mismo grueso ambas, aproximadamente como las de persiana.

También en este día se presentan y se ponen a disposición del Juez los Agentes de Policía de la Jefatura Superior de Murcia, Sres. Valverde y Ros, los que inmediatamente se ponen a realizar las pesquisas correspondientes.

La Guardia Civil, que continua de forma incansable con sus pesquisas, ha determinado que algunos de los testigos que han declarado han mentido en cuanto a lo que se refiere la hora del cierre de la puerta de la muralla, tan solo necesitan encontrar a alguien que hubiese visto fuera del Castillo y a esas horas a alguno de ellos. Al parecer, y según el atestado, se presenta de forma voluntaria en el cuartel Juan Martínez Guillén, de 17 años, y manifiesta que sobre las diez menos veinte de la noche del día 13, martes de carnaval, vio en el kiosco situado al lado del mercado a Carmen Fernández Medina, Socorrica, con una llave grande en la mano y que le preguntó que si era la del Castillo, y que ella le contestó que sí y que tenía permiso para estar fuera del recinto a esa hora. Que sobre la misma hora vio a Salvador Martínez García, Pachín, el que al día siguiente y una vez conocida la noticia del robo, le dijo que no comentara en parte alguna que le había visto a esa hora, puesto que él había declarado que a las ocho y media se había recogido en su domicilio dentro del Castillo. De forma inmediata son conducidos al cuartel Carmen, Salvador y José García (El custodio de la llave de la muralla por delegación del Capellán). Carmen mantiene ante la Guardia Civil y en presencia del testigo que cerró la puerta a las ocho y media. Salvador al principio mantiene lo mismo pero cuando es puesto en presencia del testigo rectifica y dice que regresaron al Castillo él, su madre y Carmen sobre las nueve y media y que José García era conocedor de ello. Por último José García se mantiene en la hora de las ocho y media y que la llave estuvo en su poder desde dicha hora hasta las seis y media en la que se la entregó a la “Pachina”. Con todas estas contradicciones son detenidos y a la una de la tarde son entregados al Juez, que confirma su detención e incomunicación.

A las dos de la tarde se constituye el Juzgado en el Castillo y se procede a una nueva inspección ocular del lugar, descripción que es prácticamente igual a la efectuada por el Sr. León Pizarro. Además se comprueba la imposibilidad de lanzar el gancho y la cuerda desde abajo y se detalla bastante bien. Se ve la posibilidad de subir trepando por el contrafuerte de la muralla y que es posible, pero en modo alguno bajar utilizando la cuerda por la escasa consistencia de esta, pero también se detalla que no existe el menor indicio de que por allí haya trepado nadie. Se hace constar la sospecha del Juez de que el gancho ha sido colocado desde arriba, para salvar la responsabilidad de alguno de los que habitan dentro del Castillo y complicado en el robo, y entiende que los ladrones han entrado y salido por la puerta. También se hace un croquis del Castillo donde se aprecia la posibilidad de que efectivamente no oyesen ningún ruido desde las casas del interior de los que se produjeron al hacer el agujero y que el Juez comprobó. En este croquis se aprecia la situación de todas las viviendas con relación a la puerta de San Lázaro.

Los vecinos de Caravaca que el día 15 estuvieron en Murcia a llevar su protesta ante las primeras Autoridades provinciales han especulado con los comentarios que hay en la ciudad sobre los autores. Alguien hace referencia a la merienda que el pasado día 11, domingo, se celebró en casa de Pepe Luelmo, así como la forma tan original de despedir a los invitados en la puerta de su casa blasfemando a voz en grito contra la Cruz, y a pesar de que quien lo comenta pide la máxima reserva, quien lo oye le falta tiempo nada más llegar a Caravaca para ponerlo en conocimiento de la Guardia Civil. Y estos, el mismo día 16, que es el día que tienen conocimiento del hecho de forma oficial, se ponen a trabajar en una nueva pista, que como resultado tendrá la citación de Pepe Luelmo y de los que merendaron para la tarde del día en que nos encontramos, 17 de febrero.

En el Juzgado presta declaración ante el Juez Manuel Nieto Nieto, que se afirma en lo declarado ante la Guardia Civil el pasado día 15. Dice que su primo Mariano le dijo a la entrada del cuartel, y en presencia de varios guardias, que no hablase nada de las ligas, y que las viejas tienen que estar en su domicilio a pesar de que no las encontró cuando le acompañó el teniente de la Guardia Civil. Desde luego reconstruye todos sus pasos y con testigos en la tarde / noche del martes de carnaval. Así, dijo que cenó en su casa a las ocho y que después, en compañía de Ramón Redondo, que ambos eran vecinos y domiciliados en la calle de la primera Traviesa, se fueron al Casino, donde estuvieron hasta las once, hora en que se fueron a la plaza a ver las máscaras, hasta las doce y cuarto, hora en la que se marcharon hasta la corredera –Glorieta- y se separaron, marchándose Ramón a su casa y él al baile que había en la taberna de Faralá en donde habló con Ramón “Rabogato” y Ana María “la Balína”, que a los cinco minutos se fue a su casa donde le vio entrar su vecino Ramón y que se acostó. Que no tomó parte en el robo ni tiene sospechas de nadie. Le fueron mostradas la liga y la navaja y no sabe a quien pertenece.

Y volviendo a lo acontecido el día anterior en el cuartel de la Guardia Civil, se presentó José Navarro de 41 años y de profesión alpargatero, el que dio cuenta de una conversación oída el día anterior en Murcia, y que aunque le fue pedida la mayor reserva y le hicieron prometer que guardaría el secreto, cree su deber ponerlo en conocimiento de la Autoridad. Que él día anterior estuvo en Murcia en compañía de “Perrín”, “Doña Paca”, “Juan Pimiento” y un Guarda de los Marsilla, que se encontraron allí con Manuel Rivero, que es viajante, y les contó, previo juramento de que guardarían el secreto, que...

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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Jue Oct 16, 2008 10:55 pm

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Folio 50 r del sumario 14/1939. Croquis del castillo donde se señalan las viviendas, el lugar donde se encontró la cuerda, las distintas dependencias del castillo, etc.
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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Jue Oct 23, 2008 10:08 pm

(13)

...el pasado domingo, día 11, se reunieron a merendar en casa de Pepe Luelmo, y que a la merienda asistieron, además del anfitrión, Adolfo “el Colorao” y Rabadán el fontanero. Y que después de merendar les dijo Luelmo a los otros que iban a subir al Castillo a bajarse arrastrando a la Cruz, además de blasfemar. Llamados a declarar los acompañantes del viaje a Murcia, todos ratificaron esto, además de la promesa que hicieron de no decir nada sobre el particular, pero que creen su deber como caravaqueños que no deben callar hechos de esta naturaleza. Y con este precedente, Adolfo Guirao declara ante la Guardia Civil ese mismo día y a las cuatro de la tarde. El Oficial de la Benemérita le pidió que relatara cuanto hizo y domicilios que visitó desde las doce horas del día 13 hasta la una del día siguiente, comenzó su relato manifestando que sobre esa hora se encontraba comiendo en su casa, de donde salió aproximadamente a las dos y fue la Ayuntamiento a nombrar servicio de vigilancia siguiendo instrucciones del Alcalde. Que hasta las ocho de la noche estuvo vigilando el servicio por la calle Mayor y por la Plaza, tomó algún café, y sobre las ocho se marchó de nuevo a su casa a cenar volviendo sobre las nueve al Ayuntamiento a nombrar servicio de noche, y puesto que era martes de carnaval estuvo de vigilancia por los bares y cafés, ya que había bailes en varios de ellos hasta las dos de la madrugada, hora en la que se marchaba a su casa a dormir cuando se encontró con Paco Playera, Vicente Navarro Mora y Diego Cortés, que le invitaron a marchar a Cehegín al Baile del Casino, hasta las cinco de la madrugada, hora en la que regresaron a Caravaca y hasta las ocho estuvo en el mercado de abastos. Sobre las siete de la mañana se encontró con Pepe Luelmo que le invitó a buñuelos y una hora después se marchó a su casa a dormir. Que sobre las once de la mañana le despertó su esposa con la noticia de que había sido robada la Santa Cruz, por lo que de forma apresurada se marchó al Ayuntamiento y no encontrando al Alcalde se subió al Castillo. En otro interrogatorio llevado a cabo el mismo día confirma la merienda en casa de Pepe Luelmo, pero sin recordar si fue el domingo, el lunes o el martes, aunque descarta con seguridad el martes. Quedó detenido para ser puesto a disposición Judicial.

A continuación declara José de Luelmo Asensio, al que le piden que relate lo mismo que al anterior. Que poco después de las doce de la mañana del día 13 se fue a su domicilio a comer, en donde estuvo hasta las cuatro de la tarde, hora en la que salió de su domicilio junto a su esposa, ésta que se marchó a casa de sus suegros y él al bar Los Yemas, y unos ratos en el citado bar y otros paseando por la plaza, estuvo hasta las nueve de la noche, hora en la que se marchó a casa de su suegra donde cenó en compañía de su esposa. A las once de la noche se marchó de nuevo al bar Los Yemas donde permaneció hasta las tres de la madrugada, que al salir a la plaza se encontró con Alejandro Ansón, dueño de un coche de punto, con el que estuvo paseando por la plaza. Sobre las cuatro menos cuarto, alguien que no recuerda, le invitó a entrar al club Taurino donde tomaron unas copas de coñac invitados por el hijo de Romera. Sobre las cinco de la madrugada salió con Francisco el Panocho y Joaquín Chiquitilla, este último camarero del bar Los Yemas, a la casa del Linero a la Plaza Nueva ya que había fallecido, donde entraron el declarante y Joaquín, no haciéndolo el Panocho “quizá por supersticioso”. Media hora más tarde salió en compañía del hijo de Azorín y fueron al bar el Metro, adonde llegaron al empezar a clarear, tomó una manzanilla y en compañía de este se marchó a la Plaza. En ella se detuvo un automóvil del que bajaron Adolfo Guirao Álvarez, Vicente Navarro Mora y Diego Cortés y por invitación de Adolfo Guirao fueron de nuevo los cinco al bar el Metro a tomar otra manzanilla. A la salida se separó del grupo Vicente Navarro Mora y los demás, por invitación de Diego Cortés, fueron a la plaza de abastos a comerse unas chuletas, lo que no pudieron hacer porque los puestos estaban aún cerrados. En ese momento se marcharon Adolfo Guirao y Diego Cortes, permaneciendo él con el hijo de Azorín y que esperaron en la tienda del “Cuco” a que abrieran los establecimientos de la plaza, donde, una vez abiertos, compraron unas bogas que se comieron asadas en la taberna de Ortega. Que sobre las nueve de la mañana se separó del hijo de Azorín y se marchó al Ayuntamiento en donde se recibió por teléfono la noticia del robo, marchándose a avisar a su hermano Miguel –Alcalde de Caravaca- y que juntos subieron al Castillo. Preguntado expresamente de si ha omitido algo en su declaración expresa que ni ha omitido ni añadido nada sobre lo que le era preguntado. En una nueva comparecencia y refiriéndose a la merienda a la que tanta alusión se ha hecho, dijo: “Que tiene que manifestar, sin más remedio, que, efectivamente, volvió a su domicilio, donde estuvieron merendando el Inspector (Adolfo Guirao), Antonio Rabadán y otro que ignora su nombre apodado “Pasamontes”, en la misma comparecencia agrega: “que no recuerda si la merienda fue el lunes o el martes”. Desde luego discrepan los testigos en cuanto a la fecha de la merienda y los asistentes a la misma, claro que cabe la posibilidad de que hubiese dos meriendas y con distintos comensales. En otra nueva comparecencia el mismo día, fue preguntado por quién porta la llave en su casa cuando no están ni él ni su señora, a lo que contesta que normalmente la llave la lleva su señora, excepto el lunes de carnaval “por tener que volver a coger unas cosas de la cocina”.

El asunto de la merienda, y es que nunca he llegado a entender la fijación de todos por la misma, aunque tal y como veremos, desde luego si dieron cuenta de todo lo que pusieron sobre la mesa, sobre todo en caldos de los que da la cepa, es para que ninguno se acordase ni de por donde se entraba.

Declaró ante la Guardia Civil Nicolasa Buendía Nadal, de 30 años, casada con Manuel Rivero, con domicilio en Canalejas 7 –qué curioso, allí habitan los abuelos de mis hijos ahora- y que está situado frente al de José de Luelmo, que en la tarde del trece de febrero último estaba junto a la ventana que da a la calle en compañía de su madre, Ana María, y su hermana, Isabel, y vio entrar en su domicilio a José de Luelmo acompañado de Perico “Calamidad” –recuerdo: el mozo de los recados, algo retrasado mental, de la taberna de Adolfo Guerrero- con una bombona de vino, al Inspector de los Municipales, a Rabadán el fontanero, a Pasamontes con un pan debajo del brazo, a otro que no conoce con otra bombona de vino y a un tal Capote. Después de la ocho de la noche vieron salir al Fontanero y a Capote, ignorando a que hora salieron los demás. Todo esto fue confirmado por Ana María y por Isabel.

Por otro lado, Dolores Bolt Dorado, se presenta esa tarde del 17 ante la Guardia Civil de forma espontánea y manifiesta que durante el día anterior fue a visitarla una muchacha que se llama Isabel, que fue criada suya y que en la actualidad trabaja en la casa de Miguel de Luelmo, que al estar viudo vive en compañía de su padre. Que preguntada por ella sobre qué opinaban sus señores del robo de la Cruz le dijo que todos ellos estaban muy disgustados. Y que también le dijo que sobre las seis o siete de la mañana del día anterior –16 de febrero- el Inspector de la Policía Municipal mandó un recado urgente al Alcalde: “que si no iba él, que él solo no iba, que tenía miedo”. Que la que declara entiende que este estado de alarma del Inspector puede ser debido a no tener la conciencia tranquila, lo que justifica esta declaración a efectos de la justicia. Que luego la frase es cambiada por la declarante cuando comparece ante el Juez en el sentido de que no dijo “ir solo”, si no “estar solo con los Municipales en el Ayuntamiento”. Lo que por otro lado sería bastante lógico que enviara este recado al Alcalde, ya que los ánimos de la población están muy exaltados. Esta declaración en realidad es una muestra de que cualquier ciudadano hacía sus propias elucubraciones a partir de cualquier frase escuchada o comentario o incluso actitud o gesto y rápidamente se ponía en conocimiento de la Autoridad. Existe otra denuncia, y en este caso omitiré nombres, en la que un vecino denuncia a dos conocidos que estaban hablando y callaron cuando él llegó, por lo que entendía que estos sabían algo que él ignoraba. La obviedad es manifiesta pero otra cosa es que se tratase de algo relacionado con el robo. Hay bastantes aportaciones de este tipo. Y lo que ocurre en el fondo es que nada está claro, que hay algo que no termina de encajar en esta historia. Algo está fuera de lugar y eso se empieza a percibir.

Continuando con las comparecencias ante la Guardia Civil relacionadas con la merienda, que a estas alturas debía de ser tan famosa como las bodas de Camacho, prestó declaración Angel Rabadán Nevado, de 36 años y fontanero del Ayuntamiento, al que se le pidió, como a los anteriores, que relatara los domicilios que visitó y cuanto hizo desde las doce horas del día 13 hasta la una del siguiente día. Que entre las doce y la una se marchó a su domicilio a comer, donde permaneció dos horas, saliendo sobre las tres hasta el bar Los Yemas y que entre este bar y la plaza estuvo hasta las ocho de la noche, hora en la que se marchó a su casa a cenar y que ya no salió hasta las ocho de la mañana del siguiente día para ir a su trabajo al Ayuntamiento, que cuando se recibió la noticia del robo por teléfono subió al Castillo con José Luelmo y otros.

Cristóbal Sánchez Pérez, Pasamontes, de 34 años, jornalero. Contestando a la misma pregunta que le efectúan a los anteriores manifestó que el pasado martes de carnaval, 13 de febrero, estuvo cavando en el campo, que a la una del mediodía se marchó a su casa a comer y que sobre las dos volvió a su trabajo en la huerta, de donde regresó cuando ya había anochecido, marchando a su casa y que no volvió a salir de la misma hasta las siete de la mañana del siguiente día, hora en la que se marchó a cavar al mismo sitio. Preguntado expresamente si la tarde del martes estuvo merendando en casa de Pepe Luelmo, lo niega. Y preguntado si estuvo merendando en la citada casa alguna otra tarde, manifestó que estuvo merendando en esa casa el pasado domingo día 11 en compañía de Adolfo Guirao, Rabadán el fontanero y el propio José de Luelmo. Fue detenido por la Guardia Civil para ser puesto a disposición judicial.



Última edición por Alfonso Pozo el Miér Oct 29, 2008 11:55 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: El robo el 14 de febrero de 1934   Miér Oct 29, 2008 11:43 pm

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A las 11 de la noche del día 17 de febrero se ponen a disposición del Juez los detenidos Adolfo Guirao, José de Luelmo, Angel Rabadán y Cristóbal Sánchez Pérez, así como del correspondiente atestado instruido a todos ellos por la Guardia Civil. El Juez confirma la detención y dispone que permanezcan incomunicados.

Al día siguiente, domingo 18 de febrero, se presentan ante el Juez y se ponen a su disposición para trabajar en el caso tres nuevos Agentes de Policía enviados por la Dirección General de Seguridad y pertenecientes a la Primera División de Investigación Criminal de Madrid, y que son los Sres. Sánchez Isaria, Fernández Montiel y Franco Ramos.

Este mismo día, y a las once de la mañana se celebra sesión en el Ayuntamiento. Preside el Alcalde D. Miguel de Luelmo Asensio y concurren los Concejales D. Fernando Navarro Guerrero, D. Prudencio Manero Bottino, D. Lázaro Vázquez Zamora, D. Felipe Caparrós Teruel, D. Mateo Caballero Pérez, D. José María Martínez Sánchez, D. Antonio López Gonzalo, D. Emilio Sáez López, D. Rafael Toledo Lacarta y D. Juan Pérez Navarro. Cuya acta, redactada y certificada por el Secretario del Ayuntamiento D. Leovigildo Sánchez Olmo, paso a reproducir íntegramente por lo escueta y contundente:

“Sesión del día 18 de febrero de 1934, supletoria de la ordinaria del 16 del mismo. En la ciudad de Caravaca, a diez y ocho de febrero de mil novecientos treinta y cuatro, siendo las once, bajo la presidencia del señor Alcalde don Miguel de Luelmo Asensio y con asistencia de los Concejales anotados al margen, se constituyó el Ayuntamiento en esta Casa Consistorial, previa convocatoria, al objeto de celebrar sesión supletoria de la ordinaria del día diez y seis del actual, que no tuvo lugar por falta de número.
Al comenzar la sesión, el señor López Gonzalo presentó la proposición siguiente: Señores Concejales: el robo de la Cruz de Caravaca llevado a cabo en la noche del 13 al 14 del actual ha conmocionado a España entera; los cientos de cartas y telegramas de condolencia que se reciben lo acreditan cumplidamente. Caravaca, que sufre esta desgracia y esta vergüenza, ha regado con lágrimas su dolor y espera anhelante poder recuperar tan preciada reliquia que constituye toda y su única tradición e historia. Como caravaqueños y como representantes que somos de nuestros conciudadanos, hemos de reflejar sus sentimientos y hemos de sentir con ellos; y a tal objeto, el Concejal que suscribe, tiene el honor de dirigirse a sus compañeros, proponiéndoles se tomen los siguientes acuerdos:
Primero: que conste en acta el sentimiento de la Corporación por este hecho, que supone el mayor ultraje que puede inferirse a los sentimientos de Caravaca.
Segundo: Que el Ayuntamiento se muestre parte en el sumario que con tal motivo se instruya cuando por la autoridad judicial se le ofrezca a tal objeto y
Tercero: Que tomados todos tales acuerdos se levante la sesión.
El señor presidente manifestó que hacía suya también la proposición del señor López Gonzalo, puesto que traía el propósito de haberla presentado él mismo.
Todos los Concejales presentes se adhirieron también a la misma proposición y por unanimidad se adoptaron los tres acuerdos que comprende; y además el de conceder las facultades que sean precisas al Alcalde don Miguel de Luelmo Asensio y al síndico don Antonio Caro Alfocea para otorgar poderes a Procuradores, haciendo expresamente en el Alcalde la delegación que por la ley le está conferida para su ejecución.
Con lo que se levantó la sesión siendo las once horas y diez minutos; de todo lo que, como Secretario, certifico”.

Continuando con lo acontecido, en el juzgado, y a pesar de ser domingo, se trabaja de manera incansable para tratar de esclarecer lo acontecido. Declara por segunda vez el Capellán del Castillo, D. Ildefonso, que viene a ratificarse en todo lo declarado ante el Sr. León Pizarro. Así en esta declaración no aporta ningún elemento nuevo que no se haya dicho. También declara el comerciante de Caravaca D. Adrián López-Egea Fernández relacionada con la compra llevada a cabo en su establecimiento del par de ligas que adquirió Manuel Nieto, el que tampoco aporta ningún elemento que no se haya referido. Los peritos carpinteros D. Alfonso Martínez García y D. José Zarco Martínez informan sobre el agujero realizado en la puerta de San Lázaro y manifiestan que este ha sido realizado por persona poco experta en la materia y que estiman que se ha invertido un tiempo aproximado de dos horas en su ejecución. Es decir, que tampoco aportan ningún elemento que sea nuevo.

Declaran Ramón Martínez Martínez (Ramón Redondo), Esteban Salazar Sánchez (Esteban Valera), Blas Martínez Rodríguez, Juan Manuel Tudela Ruiz (Faralá), Ramón Toral Fernández (Ramón Rabogato) y Ana María Burruezo Verdejo (Ana María la Balina). Todos ellos fueron citados como testigos por Manuel Nieto Nieto (a) Calín quienes vienen a confirmar lo declarado por éste en cuanto a las horas que citó donde estuvo y con quien lo hizo. Con lo cual la coartada de Manuel está plenamente demostrada con estos testimonios. También se le toma declaración nuevamente a su primo Mariano Nieto Cortés sobre el asunto de las ligas y por qué le dijo a su primo que si le preguntaban por las mismas dijese que no sabía nada, tampoco en esta declaración se aporta ninguna afirmación que no se haya referido anteriormente.

Vuelven a declarar los implicados en el cierre de la puerta de la muralla y así Carmen Fernández Medina (La Socorrica), rectificó sus anteriores declaraciones en cuanto a la hora del cierre de la muralla, tal como había afirmado Juan Martínez Guillén, de que estuvo en el quiosco de la plaza de abastos y la puerta de la muralla se cerró sobre las diez de la noche. Salvador Martínez García (Pachín) y José García Pastor (Quico el Perdigón) declaran también sobre la hora del cierre de la puerta y reconocen que se cerró a las diez de la noche. Después nos vamos a detener en esto y vamos a tratar de reconstruir lo ocurrido.

Por último, en este domingo día 18 de febrero de 1934, declararon ante el Sr. Álvarez del Manzano los detenidos Adolfo Guirao Álvarez (Colorao), José de Luelmo Asensio y Cristóbal Sánchez Pérez (Pasamontes). Los que de forma individual ratificaron lo declarado ante la Guardia Civil sin aportar ningún elemento nuevo.

Bien, y volviendo a la hora del cierre de la puerta de la muralla, vamos a reconstruir lo ocurrido esa noche con los testimonios de todos los implicados y las dudas que se plantean. Carmen García Guerrero “la Pachina” tiene un puesto de churros en la plaza de abastos, esa noche, martes de carnaval, es una noche en la que ha de trabajar para confeccionar las ricas “tortas fritas” y vender las mismas al numeroso público que tiene tomada la calle por la celebración del carnaval, ha pedido permiso al Capellán para regresar un poco más tarde de la hora del cierre ya que esa noche puede tener un ingreso extra por la venta de las citadas tortas fritas, el que no le ha mostrado inconveniente alguno, tan solo le dice que se ponga de acuerdo con las personas que tienen que cerrar la puerta. Cuando Carmen “la Socorrica” va a recoger la llave a casa de José para cerrar la muralla a eso de las ocho y media, este le informa de que “la Pachina” se encuentra en el puesto de la plaza de abastos y que va a regresar más tarde, por lo que Carmen “la Socorrica” toma la llave y se traslada hasta la plaza. El Castillo permanece abierto hasta que regresan sobre las diez, Carmen “la Pachina”, su hijo Salvador y Carmen “la Socorrica”. Cerrando la puerta de la muralla y entregando la llave a José García Pastor. Es decir, que la puerta de la muralla permanece cerrada desde las diez de la noche hasta las seis de la mañana, que es cuando avisan a “Pachin” de la muerte de su tío dando grandes voces desde fuera y golpeando la puerta, lo que fue oído por varios de los vecinos. También se ha de añadir que la puerta tan solo se puede abrir y cerrar desde dentro.

Y aquí viene una de las cuestiones que plantee hace un tiempo: ¿Por qué se oculta este dato y se miente en las primeras declaraciones de todos? Al menos siete personas conocían esta circunstancia, el primero el Capellán, le sigue su hermana, le sigue José García, le sigue su esposa, le sigue Carmen “la Socorrica” y por último Pachín y su madre. Ninguno de ellos lo cita en sus primeras declaraciones a pesar de que se hace hincapié en la hora del cierre de la puerta. Evidentemente hay una cosa que está muy clara: se ha querido ocultar esa hora, pero la siguiente cuestión que surge es ¿por qué?. Luego hay otra obviedad al respecto y es que los siete se han puesto de acuerdo al principio para determinar la hora que se ha de declarar del cierre de la puerta. Y ninguno de los siete hace mención a algo tan nimio y justificable de que la puerta se ha cerrado una hora y media más tarde por el motivo que se ha dicho. Y aquí es donde empiezan a no encajar las cosas. ¿Por qué el Capellán se presta a ocultar la hora real del cierre? ¿Por qué el Capellán no hace mención a que le ha dado permiso a Carmen “la Pachina” para volver más tarde y el motivo de tal autorización?. Si realmente Carmen “la Socorrica” está implicada en el robo ¿cómo se hace ver en medio de la plaza esa noche que además está llena de gente? ¿Cómo se hace ostentación de la llave en público? ¿Cómo ante un hecho tan grave los vecinos se prestan a mentir en algo tan importante como la hora del cierre de la puerta? ¿Alguien les informó a este respecto? ¿Tendrían amenazas debido a su carente cultura?. Os puedo asegurar que todas estas preguntas no se le pasan por alto a los Agentes de Policía ni a la Guardia Civil.

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El robo el 14 de febrero de 1934

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