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Alfonso Pozo Admin

Cantidad de envíos: 30 Edad: 46 Localización: Caravaca de la Cruz Fecha de inscripción: 21/09/2008
 | Tema: Antecedentes Lun Sep 22, 2008 9:09 pm | |
| Nota previa: a partir de esta aportación se reproducen, con muy leves correcciones, las intervenciones que el investigador Alfonso Pozo hizo en el hoy desaparecido Foro de caravacaonline, entre los años 2004 y 2006. Por eso aparecen en sus textos referencias anacrónicas y remisiones que no tienen correspondencia en este otro Foro. Pozo considera que es más oportuno reproducirlo aquí de nuevo casi en su literalidad y la administración respeta, plenamente, su opinión.
Estimados asiduos del foro, el pasado 1 de junio inserté la última información en este foro y en la misma decía que creía conveniente no volver a insertar información por una serie de motivos más que justificados. Pero después de ver lo que algunos pretenden hacer con este tema, he reconsiderado mi postura, y vuelvo a insertar información de la que dispongo. Lo haré de forma periódica, y será el avance de un trabajo de muchos años, que espero vea la luz íntegramente como en el plazo de un año. Mis fuentes de información y consulta son varias: 1º el Sumario que se instruyó por el robo; 2º el Sumario que se instruyó por el asesinato de D. Manuel Martínez Alcayna; 3º Otros sumarios que se instruyeron por los Juzgados militares en Caravaca al acabar la guerra civil; 4º Publicaciones de la época; 5º documentación en diversos archivos –Caravaca, Murcia, Cartagena, Valencia, Madrid, Salamanca, entre otras ciudades-; 6º Artículos y publicaciones contemporáneas de diversos autores; 7º Entrevistas a supervivientes de aquella época; 8º Entrevistas a descendientes de gentes que tuvieron algún protagonismo en la época, donde me he encontrado con verdaderas sorpresas con sus aportaciones tanto orales como documentales. Evidentemente no sé dónde está la Cruz, si lo supiera, acudiría al juzgado de guardia y lo diría. Creo que muy pocas personas saben donde está la Cruz. Y creo que el voto de silencio y obediencia están muy presentes. Tengo mi propia teoría, a la que he llegado tras muchos años de investigar, con más ilusión que medios, todo lo relacionado con este hecho. Y este suceso hay que verlo, con la perspectiva que da el tiempo, dentro del marco de la época en que se desarrolló: la década de 1930. Esta década, sin duda alguna, es la etapa donde tuvieron lugar los hechos que más conmocionaron a la sociedad de Caravaca, me atrevería a afirmar, que en toda su historia. Es una época donde la sociedad está dividida en dos de una manera irreconciliable y que terminará con un enfrentamiento entre hermanos con más de sesenta víctimas mortales, sin contar las gentes que perdieron la vida en el frente de batalla, y con más de quinientos caravaqueños privados de libertad, primero por unos y después por los otros. Creo, que ha llegado el momento de abordar, de una manera seria y veraz aquellos sucesos. Y ha llegado el momento de hacer justicia histórica a tantos ciudadanos de Caravaca, que de otra manera están condenados al olvido, que es la peor de las ingratitudes. Y hay que hacer justicia a todos, sin distinción de su credo político o religioso. Y en esta historia hay muchos inocentes que pagaron hasta con su propia vida unos y otros con largos periodos de privación de libertad. También hay culpables, en los dos bandos. Culpables que pagaron con su vida y saldaron así su culpa. Culpables que resultaron inmunes ya que la justicia de la época no tenía ningún interés en aclarar unos hechos, mas que en condenar a unas gentes por que pensaban de otra manera. Culpables que estuvieron de parte del vencedor y quedaron inmunes a lo que es justicia. Culpables que se convirtieron en autoridad. No pretendo pasar factura. No pretendo desvelar identidades. Ni lo haré. Es una época que hemos de asumir tal y como fue. Y entrar en ella sin complejos, sin ánimos de revancha y con espíritu conciliador, de esa manera desvelaremos nuestro pasado, entenderemos mejor el presente y miraremos al futuro con la confianza y seguridad de que no se repitan unos hechos que hoy nos causan verdadero estupor. Y entrando de lleno en este tema, vamos a comenzar el relato en la procesión del tres de mayo de 1933. El carro de la Cruz avanza lentamente por la calle Rafael Tejeo. Otro año más, la Guardia Civil, que tradicionalmente ha escoltado a nuestra Patrona en todas sus salidas, está ausente. Es la consecuencia de la separación Estado-Iglesia que ha aportado la joven Republica Española. Esa separación muchos la ven como persecución, unos como perseguidos y otros como perseguidores. Dicen que en este país siempre se ha ido detrás de la Iglesia, unas veces con cirios y otras con estacas. Aquel año, cirios y estacas estaban confundidos y mezclados. Por alguna iniciativa, bien de la Cofradía o bien del Clero local, se dispuso de llevar armas en el interior del carro procesional. Por alguna confidencia, alguien debió de pensar que un grupo de gente intentaría algún tipo de atentado contra la Stma. Cruz. El atentado fue menos aparatoso de lo que pensaban y no fue necesario echar mano de las armas. Tan solo se limitó a algún comentario en voz alta sobre la procesión, de entre los que gritaron está identificado J. D. quien manifestó: “fíjense ustedes bien que es la última vez que ven esta procesión” (1). La procesión continuó hasta la Parroquia del Salvador con la única novedad de que ese año no repicaron las campanas de las iglesias al paso y vista de la Santísima Cruz (2). José de Luelmo González, padre de Miguel (Alcalde de Caravaca) y de José, editó unos versos en enero de ese año que serían un presagio de lo que se venía encima, y que en su estrofa final decía:
Llegó vuestro último día; Tocad campanitas mías Que adornáis aún de mi aldea la espadaña. Mas... no toquéis a alegría Tocad, tocad a agonía... Que se está muriendo España.
(1) Declaración de D. Tomás Hervás García en las Diligencias Informativas instruidas por la Jurisdicción Militar en 1939. (2) Afirmación de un testigo entrevistado en 1984. Al Parecer si que repicaron las campanas, ya que la Muy Ilustre Cofradía de la Santísima y Vera Cruz llegó a un acuerdo con el Ayuntamiento a través de su Teniente de Alcalde D. José Soler López y establecieron un canon por los toques relacionados con la Cruz.
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Última edición por Alfonso Pozo el Dom Sep 28, 2008 10:12 pm, editado 2 veces |
|  | | Alfonso Pozo Admin

Cantidad de envíos: 30 Edad: 46 Localización: Caravaca de la Cruz Fecha de inscripción: 21/09/2008
 | Tema: Re: Antecedentes Lun Sep 22, 2008 9:20 pm | |
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Estimados asiduos del foro. El otro día concluí mi relato con una estrofa de José de Luelmo González. Estos versos fueron publicados en Caravaca el día 1 de enero de 1933, y ya que cerramos con la estrofa final, hoy comenzaremos con los versos iniciales del poema:
“Ya no tocan las campanas Que sus sones, molestan a los masones Sus tímpanos delicados; Pero escuchan con agrado, los sectarios El vocablo tabernario, Y la blasfemia soez...”
Este poema fue el fruto del anuncio del cese de todos los toques de campanas en las iglesias de Caravaca. El Ayuntamiento de la ciudad decidió gravar con una tasa o impuesto los diversos toques de las campanas causando con ello el consabido malestar, no solo entre el clero local, sino entre todos los católicos practicantes de aquí. La iglesia local, encabezada por el Arcipreste Dr. D. Tomás Hervás García inició un recurso contra esta medida, pero mientras se resolvía, las campanas enmudecieron. Esto fue un gran triunfo para los anticlericales de la época, que en realidad eran bastante menos anticlericales de lo que decían ser, si exceptuamos a algún exaltado, que siempre los hay. La separación de la que hablaba: Iglesia-Estado en realidad desvirtuó en una escalada de actos en contra de las tradiciones. Los golpes eran devueltos de la manera que cada uno podía. No sonaban las campanas pero los sacerdotes se desgañitaban con sus rezos y cantos en la primera ocasión que tenían, bien un entierro, bien una procesión o desde el mismo pulpito. Y así soportaron un año entero. Por fin el recuso se resuelve y se falla como era de justicia: las campanas volverían a sonar sin pagar ni un céntimo al Ayuntamiento. Seguramente en este fallo debió de influir la opinión de aquellos sensatos republicanos que ya empezaban a manifestar ante los ataques que sufrió la iglesia en toda España: “que no es eso, que no es eso”. Claro, que la iglesia, siempre conciliadora, en este caso no lo fue tanto. Y en vez de limitarse a reanudar sus toques de campanas y a bajar la voz una vez que la razón se impuso, pues no, estuvieron todo el día, 24 horas consecutivas, repicando todas las campanas de la ciudad, con el consiguiente malestar entre los primeros. El anticlericalismo en realidad empezó a manifestarse en los primeros días de la proclamación de la Republica. No fue una persecución constante como veremos y para nada secundada por la mayoría. El primero de estos actos fue la expulsión de los PP Carmelitas del convento el día 12 de mayo de 1931. Una multitud, la inmensa mayoría más por curiosidad que con ánimo de participar en aquello, aunque sin darse cuenta que su sola presencia era la que respaldaba a los pocos exaltados, se congregó en la glorieta. Los religiosos, temiéndose lo peor, consumieron las sagradas Formas y dejaron abierto el sagrario, congregándose todos, con sus capas blancas y sus capuchas puestas, en torno al altar mayor. D. Ramón Melgarejo y Escario, Conde de Reparaz, llegó hasta el lugar y mandó traer su coche y un “coche de punto” (taxi para los más jóvenes), y pasando entre el tumulto sin mayor dificultad entró en el convento, donde encontró a los frailes en la iglesia: “Padres, menos rezar y más movimiento”, llevándoselos a su finca de Derramadores...
Saludos.
Última edición por Alfonso Pozo el Dom Sep 28, 2008 7:25 pm, editado 1 vez |
|  | | Alfonso Pozo Admin

Cantidad de envíos: 30 Edad: 46 Localización: Caravaca de la Cruz Fecha de inscripción: 21/09/2008
 | Tema: Re: Antecedentes Lun Sep 22, 2008 10:09 pm | |
| (3)
Estimados asiduos del foro. Sin duda que habrá alguien que dirá que me estoy saliendo del tema del robo de la Cruz. Pero el hecho no se llegaría a entender si no conocemos las circunstancias de la época. Los PP Carmelitas regresaron al convento siete meses después, es decir en enero de 1932 y en esta ocasión les fueron dadas todo tipo de facilidades por el pueblo. ¿Cómo es posible un cambio tan radical?. En realidad, creo, no se produce ningún cambio; a la mayoría de los habitantes de Caravaca no solo no les molesta la presencia de los religiosos sino que la desean. Y es a partir de este momento cuando los llamados anticlericales –que son muy pocos, y seguramente ese anticlericalismo es debido a la inoportuna relación entre la derecha y la iglesia- cada vez que pueden, pero de forma aislada, manifiestan su disconformidad con todo lo relacionado con la iglesia, con las tradiciones y con el culto católico, llegando incluso a ridiculizarlas o a la siempre malsonante, hasta para los propios ateos, blasfemia.
En mayo de 1933 el Ayuntamiento deja de abonar la gratificación mensual que desde tiempos pasados se hacía al Capellán del Santuario. Con lo que es de suponer que el titular D. Ildefonso Ramírez Alonso no tuviese excesivas simpatías por las autoridades del momento y en especial por el Alcalde D. Miguel de Luelmo Asensio.
La Stma. Cruz de Caravaca pasó a ser el blanco de las iras de los más exaltados. Se negaban sus milagros e incluso se presionaba a los que se atrevían a narrar o relatar. Así, ante un milagro atribuido a la intercesión de la Sagrada Reliquia y consistente en la cura de un niño paralítico de Moratalla, todo ello publicado por el predicador P. Agustino Urbano, el abuelo del niño en cuestión fue amenazado en diversas ocasiones por el Jefe de la Guardia Municipal de Caravaca, Adolfo Guirao Alvarez, para que no continuase propagando el rumor de la curación milagrosa de su nieto. (1)
También ocurrió un hecho que conmocionó a los caravaqueños, aunque muy pocos se atrevieran a protestar tal y como estaban las cosas. Una tarde, probablemente envalentonados por la embriaguez, Pepe Luelmo, como le llamaré a partir de ahora, y tres o cuatro exaltados más tuvieron la idea de recortar una Cruz de doble brazo de cartón o papel y, atándola con un trozo de hilo de cáñamo la arrastraron por la cuesta del castillo. (2)
En aquella época, en los viernes de cuaresma, se celebraban en el castillo los famosos “Misereres” donde acudían una gran cantidad de fieles. Esta ceremonia religiosa consistía en el canto de unos salmos de David. Se celebraban a las tres de la tarde y el comercio retrasaba su hora de apertura así como las escuelas pasaban la tarde de descanso, que en aquellos tiempos era el jueves, a la tarde del viernes. Todo ello para facilitar la asistencia de todas las personas que quisieran. En varias ocasiones algún grupo –siempre minoritario- y con la asistencia casi asidua de Pepe Luelmo también acudieron a la explanada del castillo, pero a cocinar y comerse un arroz con conejo –típico de estas latitudes- ante las miradas escandalizadas y atónitas de los fieles que piadosamente acudían al Santuario. Ellos observaban, sin entender muy bien, como unos pocos se condenaban eternamente al fuego por la ruptura de la abstinencia de comer carne los viernes de cuaresma... (3)
Saludos (1) Declaración de D. Tomás Hervás García en las Diligencias Informativas que la Jurisdicción Militar instruyó en 1939. No se conoce el nombre del niño, ni del abuelo. (2) Procede del rumor popular. En mis notas hay alguno que afirma que fue cierto, pero hay más que afirman que era falso. (3) Procede del rumor popular. En mis notas hay alguno que afirma que fue cierto, pero hay más que afirman que era falso.[justify]
Última edición por Alfonso Pozo el Dom Sep 28, 2008 7:27 pm, editado 2 veces |
|  | | Alfonso Pozo Admin

Cantidad de envíos: 30 Edad: 46 Localización: Caravaca de la Cruz Fecha de inscripción: 21/09/2008
 | Tema: Re: Antecedentes Miér Sep 24, 2008 12:11 am | |
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En los presupuestos municipales para el año 1934, aprobados en la sesión de 10 de septiembre de 1933, se suprimía definitivamente la partida de 1500 pesetas anuales destinada al “Depositario encargado de la custodia del Santuario, alhajas y demás efectos”, es decir, la gratificación que recibía el Capellán del Santuario D. Ildefonso. Esta medida, que se estaba aplicando desde mayo de 1933, es en realidad el cumplimiento de lo que disponía la Constitución de la II Republica de 9 de diciembre de 1931, que en su artículo 26 decía textualmente “...el Estado, las regiones, las provincias y los Municipios no mantendrán, favorecerán ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas. Una ley especial regulará la total extinción, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del Clero...” Y fue precisamente esa ley, la que al entrar en vigor, hizo que se dejase de abonar la gratificación o los haberes del citado Capellán del Santuario. Con esto quiero dejar patente que las Autoridades locales no hicieron algo que un día se les ocurrió, sino que fue la aplicación de una ley de carácter superior la que les obligó a ello, al margen de las simpatías o antipatías que les despertara la Iglesia. Bien es cierto que con la iniciativa de gravar con un arbitrio o impuesto el toque de campanas se extralimitaron, ya que dicho arbitrio, que era de 500 pesetas al año, fue suprimido por la Delegación de Hacienda de Murcia el 26 de diciembre del año 1933 atendiendo a tres recursos presentados contra esta medida; uno del Dr. D. Tomás Hervás García, Arcipreste de Caravaca, otro del Hermano Mayor de la Cofradía de la Santísima Cruz D. Antonio Martínez-Carrasco Blanc y otro suscrito por los señores D. Emilio Sáez López, D. Diego Marín Navarro, D. Rafael Toledo Lagarta, D. Julián Giménez García, D. Javier López Alted, D. Miguel Robles Sánchez-Cortés, D. Simón Álvarez Robles y D. José Navarro García, estos concejales del Ayuntamiento de Caravaca.
Y es que esta medida trajo cola. En los diversos debates del Ayuntamiento los concejales se enfrascaron en acaloradas intervenciones dialécticas sobre la impopularidad de este impuesto, que además no representaba gran cosa para los ingresos del Ayuntamiento.
Decía en el relato de la procesión de 1933 que no sonaron las campanas. No es cierto, por un error al cortar el documento se coló este dato que pertenece al testimonio de un superviviente –que ya no está entre nosotros-. Si que sonaron las campanas de todas las espadañas de la ciudad durante las fiestas de aquel año. Tras una negociación entre el primer teniente de Alcalde D. José Soler López y el Hermano Mayor de la Cofradía D. Antonio Martínez-Carrasco Blanc, llegaron al acuerdo de que la Cofradía pagaría al Ayuntamiento la cantidad de 200 pesetas por los toques de campanas durante las fiestas, más el toque del conjuro de la campana del Castillo, de lo que se da cuenta en la sesión del Ayuntamiento del día 28 de marzo de 1933, en la que por cierto se declararon festivos en Caravaca los días 2, 3 y 4 de mayo de ese año. Aunque no se muy bien que concepto tenían las Autoridades de nuestros ancestros sobre día festivo ya que el día dos de mayo hubo sesión en nuestro Ayuntamiento -¿se lo imaginan hoy?- en la que entre otros acuerdos, se acordó denegar el permiso solicitado por Antonio de Moya Gabarrón, de Cehegín, para abrir en la calle Mayor de Caravaca un café servido por señoritas, alegando ser un sitio muy céntrico para este tipo de negocios. Y es que muy a pesar de izquierdas y derechas la moral era la moral, y era mejor que las señoritas se quedasen en el Carril que aquello estaba entonces más apartado, más oscuro y más discreto. Que al Carril se podía ir con discreción y la Calle Mayor era otra cosa. También hay que señalar un hecho que ocurre en septiembre de 1933, donde se celebran elecciones para el Tribunal de Garantías de la República Española y cuyos electores eran los Concejales de los Ayuntamientos. El resultado de la Provincia de Murcia fue anulado y las elecciones hubieron de repetirse en Agosto de 1934. Este dato es importantísimo ya que probablemente sea la clave de lo acontecido el 14 de febrero de 1934. También hay que destacar que en Noviembre de 1933 se celebraron elecciones legislativas a las Cortes de la República y que el triunfo fue para la CEDA.
Después de esta pasada superficial por la conflictividad religiosa y política de la época, ya que hay más datos y muchísimas más anécdotas, nos vamos a trasladar al domingo 11 de febrero de 1934. Ese día celebraron una merienda en la casa de Pepe Luelmo que estaba situada en la calle Canalejas. La verdad es que en la época no hacían falta muchos argumentos para celebrar una merienda, la única posibilidad de reunión era con estos motivos y había de ser en las casas los que menos dinero tenían. Y dinero en Caravaca había poco. En Caravaca no había adinerados, había propietarios. Pero con dinero efectivo y corriente muy poquitos. En esa merienda, de la que existen varias versiones que difieren en la fecha y en los “merendantes”, se dio cuenta de una bombona de vino que les subió “Perico Calamidad”, que era el mozo de los recados, un tanto retrasado, de la taberna o bodega que Adolfo Guerrero tenía en la calle Nueva. Esta merienda y lo acontecido después será otro de los argumentos para inculpar a Pepe Luelmo y otros en el robo de la Cruz.
A esta celebración acudió Adolfo Guirao, Cristóbal Sánchez Pérez (Pasamonte) y Angel Rabadán, que a la sazón era fontanero del Ayuntamiento. Creo que la fecha más probable es la que indico del domingo 11 por los testimonios del propio sumario. Una vez que dieron cuenta de la citada bombona de vino, Pepe Luelmo salió a la calle a despedir a sus amigos merendantes y dijo en voz alta que iban a subir al Castillo a bajarse arrastrando a la Santísima Cruz (1), esto que fue oído por los vecinos de enfrente, que curiosamente habitaban el mismo domicilio que ocupa hoy la abuela de mis hijos, aunque la costumbre de observar lo que ocurre en la vecindad ha perdurado en el tiempo...
Saludos.
(1) En el Sumario nunca se aclara si esta frase fue dicha, ya que existen verdaderas contradicciones entre los testigos.
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